Anton Pannekoek (1873-1960), otra forma de interpretar el marxismo

En 1977 la editorial barcelonesa Dopesa publicó un Diccionario del Carlismo que había escrito Doña Cecilia de Borbón-Parma. En la entrada dedicada al «marxismo» se explicaba que hay que distinguir tres aspectos fundamentales cuando hablamos de este movimiento político, económico y social: la teoría, la ideología y la aplicación práctica de los principios marxistas. La teoría, enunciada por Carlos Marx, es su espina dorsal y puede resumirse en lo que conocemos como el «método de análisis marxista». Este método nos explica el mecanismo interno de funcionamiento del capitalismo, la importancia de lo económico y su influencia en las ideologías, la cultura e incluso en el hecho religioso. La ideología se construyó por quienes se sintieron herederos del pensador alemán, que interpretaron su teoría después de su muerte, por lo que no se puede achacar a Marx lo que ellos consideraron que era «marxismo». La aplicación de los principios marxistas por ejemplo tal y como ocurrió en la URSS y en otros Estados de la Europa oriental no tiene nada que ver con todo aquello por lo que luchó Marx durante toda su vida. Aquellas experiencias dictatoriales, supusieron, una evidente y clara deformación de su pensamiento, la suplantación de los intereses del pueblo trabajador por un partido omnipotente, burocratizado y que terminaba con cualquier forma de disidencia mediante purgas sangrientas, trabajos forzados, internamientos en centros psiquiátricos, exilios o fusilamientos.

Frente a estas caricaturas y vergonzosas manipulaciones de la teoría de Marx, hubo pensadores marxistas que alzaron su voz para denunciar estas nuevas formas de opresión y explotación. Uno de esos pensadores fue el holandés Anton Pannekoek, un astrónomo que se convirtió en un brillante teórico y militante consecuente de una nueva forma de entender el Marxismo, que se conoce como «Consejismo». Para Pannekoek los Consejos Obreros son una forma de autogobierno, de participación y gestión de sus intereses y problemas por parte de la clase obrera y del resto del pueblo, autoorganizado en asambleas, con mandato imperativo y sin ningún tipo de privilegio por desempeñar tal o cual función representando a sus compañeros y compañeras. Esta forma de democracia directa, de tener en cuenta todas las opiniones y propuestas, sirviendo solamente a los intereses de la mayoría y dando el protagonismo exclusivamente a los afectados por un problema concreto que se quiere resolver, no tenía en cuenta la militancia política y/o sindical de los participantes en los Consejos, que se convertía en algo secundario. Esta forma de entender el marxismo cuestionaba el papel protagonista del partido obrero que se consideraba cómo el único representante de la clase obrera, o el de los sindicatos cómo correa de transmisión de la organización política, sumisos siempre a los intereses políticos o propensos a la corrupción y la traición.

Esta forma de autogestión, de profundización y extensión de la democracia, tuvo una primera experiencia práctica en la Comuna de París, y después en Rusia (1905), Alemania (1918), Italia (1919-20), España (1936), Hungría (1956), Francia (1968), Chile (1973), Argentina (1975), Portugal (1974) o más recientemente en la Polonia de Solidarnosc.

Recientemente la editorial Irrecuperables ha tenido la excelente iniciativa de reeditar el libro «Los Consejos Obreros» y otros escritos de Anton Pannekoek, agotado hace ya muchos años, lo cual nos da la oportunidad de conocer la vida y la obra de este pensador. A lo largo de sus más de 350 páginas y seis capítulos, podemos adentrarnos en cómo entendía él la obra de Marx, el papel de la clase obrera en todo proceso revolucionario, la denuncia de lo que denominaba «comunismo oficial», la lucha de clases, la democracia obrera, el papel de los Consejos, las críticas rotundas al papel desmedido del partido obrero y los límites de la lucha sindical. Muchos de los planteamientos de Pannekoek que se exponen en esta obra siguen teniendo una gran vigencia y actualidad, por lo que constituyen herramientas muy válidas para construir una alternativa anticapitalista a la globalización neoliberal.

Javier Onrubia Rebuelta
Secretario general del Partido Carlista de Castilla