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El gozo en un pozo

Publicado en Diario de Noticias. 23/02/2011

Sabemos por experiencia que dura poco la alegría en casa del pobre y lo hemos vuelto a comprobar al ver cómo los que reclaman el voto utilizando el nombre y los símbolos de Navarra han vuelto a impedir que se recupere el derecho de todos los ciudadanos navarros a poder educar a sus hijos en la lengua autóctona, el euskara, en las mismas condiciones que se enseña el castellano de Castilla, la otra lengua oficial.

Lo más afrentoso es que además mientras los socios de UPN en el Gobierno dicen que no tendrían inconveniente en aprobar algo similar siempre que no supusiera imposición u obligatoriedad para nadie, ni extensión del euskara, los modernos beamonteses por medio del señor García Adanero han dicho que “con la excusa del principio de la voluntariedad, lo que se pretende es la imposición del euskera, y con la imposición del euskera, la persecución del castellano”. Y dado que no se trata de ningún profesional de la adivinación es de suponer que salvando las distancias habrá pensado como aquel ladrón: -que todos son de su condición- y que se quiere hacer lo mismo que ellos vienen haciendo con el euskara desde el Gobierno (…).

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El último Nadal, la guerrillera y el Maestrazgo carlista

GARA (Euskal Herria) 13/01/2011

Patxi Ventura, militante de EKA

Que se conozca es lo que importa, aunque sea por el camino no excesivamente ortodoxo de la historia novelada, que despierta el interés por el conocimiento de la verdad

El recién concedido premio Nadal ha recaído en una novela de la veterana Alicia Jiménez Bartiett que se ha apartado de su género de la novela negra y se adentra en el apasionante de la guerrilla que durante mas de una década campó por diversos territorios del Estado.

La historia es casi biográfica respecto a un personaje tan atractivo como fue el de La Pastora, una persona que sería inscrita como mujer, pero que realmente era un hombre con los órganos sexuales atrofiados, por lo que al final acabó siendo conocido con el nombre de guerra de «Fulgencio», aunque su verdadera anotación registral era la de Teresa Plà Meseguer, nacida en el «mas de la Pallissa», casa de pastores de Vallibona, cerca de Morella, territorio de amplia repercusión y protagonismo en las guerras carlistas. Se decía que su familia era carlista.

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Un libro desvela conspiraciones carlistas para derrocar a Franco en la posguerra

La investigación del historiador Manolo Martorell sobre la oposición carlista al régimen en los primeros años de la dictadura acaba de publicarse en forma de libro. «Retorno a la lealtad. Desafío carlista al franquismo» arroja luz sobre el grado de discrepancia entre los carlistas de Fal Conde y el dictador, que se puso de manifiesto en el enfrentamiento armado de Iruñea en 1945. El autor apuntala sus afirmaciones en documentos de los servicios de inteligencia.

GARA (Euskal Herria) 22/12/2010

Aritz INTXUSTA | IRUÑEA

Los historiadores del carlismo han centrado sus estudios en el papel del requeté en la guerra que desató el golpe de estado de 1936 y en los movimientos de disidencia carlista de la etapa final del franquismo. Poco se sabe sobre qué ocurrió dentro del tradicionalismo inmediatamente después de la guerra, más allá de la versión oficial elaborada por la maquinaria propagandística del régimen. El historiador y periodista Manuel Martorell acaba de publicar un libro en el que intenta rescatar cuál fue la actitud política de las bases carlistas en esa etapa oscura de la historia que va desde el final de la guerra hasta 1953, cuando EEUU y Reino Unido deciden respaldar al Estado español como bastión anticomunista.

«Se afirmó que el carlismo se unificó con Falange en FET y de las JONS y que formó parte del entramado ideológico y político del franquismo. Esta es la versión del NoDo», dice Martorell, quien en “El retorno a la lealtad. El desafío carlista al franquismo” intenta probar todo lo contrario. «La unificación no se produce porque no se puede producir. El fascismo y el tradicionalismo son sistemas opuestos. El fascismo quiere un estado fuerte, que lo controle todo, y el tradicionalismo un estado débil, porque lo que prima son las tradiciones y fueros de cada nacionalidad», asegura.

La comunión tradicionalista no se articulaba como un partido de corte clásico. A juicio de Martorell se trataba más bien de un movimiento con unas ideas fijas fuertes, principios muy sólidos, pero de los cuáles nacían una serie de interpretaciones muy diferentes. Dos de estas corrientes, la falcondista y los favorables a la unificación con Falange, se irán distanciando poco después del alzamiento.

Según la investigación de este historiador, la unificación con Falange en 1937 se hizo de espaldas a los líderes carlistas (Manuel Fal Conde y Javier de Borbón Parma) y sin consultar a las bases. De hecho, un mes antes, la asamblea de los carlistas había decidido en Portugal que rechazarían la propuesta.

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Museo de Lizarra: visita a un Carlismo sin fuero ni Montejurra

Por su interés así como por lo acertado de sus observaciones reproducimos el artículo publicado en GARA el día 24 de marzo del 2010.

Fuente: http://www.gara.net/azkenak/03/190074/es/Visita-Carlismo-sin-fuero-Montejurra

Ayer fue un gran día para los veteranos militantes carlistas, que lucieron la boina roja en la inauguración de un museo largamente reclamado. Pero Carlos Hugo de Borbón Parma, máximo símbolo de este antiguo movimiento político, admitía una sensación agridulce: “Le falta algo”. El Gobierno de UPN ha reproducido el carlismo de “valores religiosos” y requetés, pero no el que defendió los fueros, se enfrentó a Franco y fue vetado en 1977.

24/03/2010 8:38:00

LIZARRA-. El viejo carlismo ya tiene su museo. El viejo, porque en el edificio inaugurado ayer en Lizarra no se hallará ninguna referencia posterior a 1939, cuando el movimiento abrió distancia respecto al franquismo y acabó derivando en una propuesta muy diferente que actualmente encarna el Partido Carlista-EKA. Fue éste quien decidió legar su patrimonio al Gobierno navarro, y UPN ha hecho lo que cabía temer: acotar ideológica e históricamente un movimiento político que ha dado muchas vueltas en dos siglos.

Para la mayor parte de los historiadores, el valor que caracterizó auténticamente las guerras carlistas en Euskal Herria fue el combate por los fueros, por la soberanía en otras palabras. Para las generaciones más jóvenes, el carlismo es la víctima del ataque ultraderechista de Montejurra, en mayo de 1976, que ocasionó dos muertes. Y a otros aún más jóvenes quizás sólo les suene porque se publicó que en las últimas elecciones las listas de EKA fueron investigadas por si habían sido “infiltradas” por la izquierda abertzale. Nada de esto se pudo hallar en el discurso de Miguel Sanz. Para el presidente navarro, el carlismo es otra cosa: “Referencia de guerras y de sufrimiento, de defensa a ultranza de los valores religiosos, de integridad moral y de generosidad personal para mantener la esencia de las tradiciones”.

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