La entrega de patrimonio documental del Partido Carlista al Gobierno Central efectuada por Don Carlos Hugo de Borbón Parma el día 4 de julio de 2002

EL PRESENTE INFORME SE ELABORA EN CUMPLIMIENTO DEL ACUERDO ADOPTADO POR UNANIMIDAD EN EL CONSEJO GENERAL FEDERAL DE DIRECCIÓN DEL PARTIDO CARLISTA CELEBRADO CON CARÁCTER EXTRAORDINARIO EN PAMPLONA EL DIA 20 DE JULIO DEL PRESENTE AÑO 2002.
LOS OBLIGADOS LIMITES DE SU EXTENSIÓN HAN IMPEDIDO APORTAR TODOS LOS DATOS DE QUE SE DISPONE RESPECTO A LAS CIRCUNSTANCIAS PREVIAS Y MOTIVO ÚLTIMO DE LA ENTREGA AL GOBIERNO CENTRAL POR DON CARLOS HUGO DE NUESTRO PATRIMONIO HISTÓRICO DOCUMENTAL DEL QUE FUE TRANSITORIO DEPOSITARIO.

TAMBIEN NOS HA OBLIGADO A ELLO LA NECESIDAD TÁCTICA DE RESERVA PARA POSIBLES CONTROVERSIAS, POR LO QUE SI LAS MISMAS SE PRODUJERAN AL NIVEL ADECUADO NO HABRÍA INCONVENIENTE ALGUNO EN HACERLOS PÚBLICOS ASÍ COMO LOS QUE DE AHORA EN ADELANTE LLEGUEN A NUESTRO CONOCIMIENTO.

Índice

• I.- COMO SE GESTÓ LA ENTREGA.

• II.- EL PARTIDO CARLISTA NO EXISTE.

• III.- LOS OTROS IGNORADOS.

• IV.- EL ACTO OFICIAL DE LA ENTREGA .

• V.- NATURALEZA Y CONTENIDO DE LO ENTREGADO
EN DEPÓSITO AL ARCHIVO HISTORICO NACIONAL.

• VI.- LA TITULARIDAD DE UN PATRIMONIO .

• VII.- LOS POSIBLES DEPÓSITOS.

• VIII.- LA RAZON DE LA ENTREGA DEL PATRIMONIO
DOCUMENTAL PROPIEDAD DEL PARTIDO CARLISTA.

• IX.- ¿EXISTE AÚN ALGUNA POSIBLE SOLUCIÓN?.

• APÉNDICE DOCUMENTAL.

I.- COMO SE GESTÓ LA ENTREGA.

En junio de 1999, y por persona muy allegada a la familia Borbón Parma, se pudo saber que estando cerca el tiempo para el obligado definitivo abandono del castillo de Puchheim se buscaba lugar para conservar el fondo documental tanto estrictamente familiar como el perteneciente al Partido Carlista del que Don Alfonso Carlos había sido el depositario al haber ostentado la Jefatura de la Dinastía, hasta entonces conservados sin criterio archivístico alguno en diversos baúles de los sótanos del propio castillo. A tal importante patrimonio documental se tenia que unir el correspondiente al periodo comprendido entre los años 1936 (Don Javier es nombrado Regente) hasta 1979 (Don Carlos Hugo abandona la Jefatura del Partido Carlista) y que se hallaba depositado en buena parte en el piso que Doña Cecilia posee en Paris.

Según dicha fiable fuente, se había pensado en Lucca, en cuyo palacio había nacido en 1889 Don Javier, o en Parma donde ya estaba constituido el archivo histórico de la Familia, aunque no se descartaba que provisionalmente se depositara en unos contenedores especiales en París, sin haberse pensado aún en trasladarlo a España y mucho menos en contar para nada con el Partido. Esto último es a tener en cuenta porque, contemporáneamente, esos días, se había procedido a la imposición de cruces de la Orden de la Legitimidad en sendos actos celebrados en Vila-real, Roa y Javier, gestos que se quería interpretar por muchos como un signo de acercamiento de Don Carlos Hugo a los militantes del Partido.

Tal nueva situación de aparente relajamiento de tensiones, provocó que se realizaran intentos encaminados a obtener la devolución de todo ese importantísimo patrimonio a su legítimo propietario, el Partido Carlista, preocupación constante según consta en las actas de las reuniones del Consejo Federal de Dirección. Nunca hubo respuesta.

Mientras, aprovechando las vacaciones de verano, se seguía revisando el contenido de los baúles de Puchheim, especialmente por José C.Clemente

Balaguer, y también por Fernando García Romanillos, procediéndose al empaquetado de tan excepcionales fondos.

En noviembre de 2001 la hermana de Don Carlos Hugo, DªMaria Teresa, contactó con un especialista en historia carlista contemporánea, vinculado al Partido, sin concretar exactamente para qué, pero de inmediato quedó anulada, sin explicación alguna, aquella posible colaboración, probablemente por haber significado ello la ingerencia de persona extraña al circulo de dos (Clemente-Romanillos) y el alertar de lo que se iba a hacer por Don Carlos Hugo con el patrimonio de la exclusiva pertenencia del Partido, porque ya estaba decidido que sería entregado al gobierno derechista de
Aznar, bajo el reinado impuesto por Franco de Don Juan Carlos y depositado en el central Archivo Histórico Nacional, ignorando no solo a su legítimo propietario sino también al Museo del Carlismo de Estella que en poco tiempo será una realidad gracias al largo trabajo del Partido Carlista de Navarra-EKA por conseguir una ubicación digna a nuestro patrimonio histórico. Se había decidido respecto al destino de bienes en depósito transitorio, se había despreciado al Partido Carlista, se había ignorado al gobierno democrático de Navarra y se había humillado al pueblo navarro, cuyos legítimos representantes en su Parlamento aprobaron en su día, por unanimidad, con un consenso que algún miserable centralista puede calificar de “aldeanismo”, la creación de tal museo.

Todo se consumó por consejo de Fernando García Romanillos
(periodista, gran amigo de Almansa, ya ex jefe en la Zarzuela de la “Casa del Rey”), decisión última de Don Carlos Hugo, y asesoramiento jurídico del abogado de Girona Juli Prat (personaje de irrupción reciente en la Familia, lo que no le atenúa su declarado anticarlismo).

En enero de 2002 (según reconoció en su día en nota oficial el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, documento anexo nº 1) se había alcanzado el acuerdo definitivo para la entrega de un denominado “archivo carlista de la Familia Borbón Parma”, a depositar en régimen de cesión por comodato en el Archivo Histórico Nacional por un periodo de 99 años.

6

II.- EL PARTIDO CARLISTA NO EXISTE.
Sospechando la actual Secretaría General Federal del Partido Carlista, por informaciones recibidas, que se precipitaba la entrega de esa importantísima parte de su patrimonio documental, por el Secretario General Federal se presentó a los miembros asistentes al Consejo General Federal en su reunión ordinaria celebrada en el Circulo Carlista de Estella la tarde de la víspera del Acto de Montejurra, es decir, el día 4 de mayo pasado, un borrador de carta dirigida a Don Carlos Hugo solicitando nuevamente la reintegración
del fondo documental perteneciente al Partido, y que tras su lectura, y haberse efectuado algunas leves correcciones de estilo, fue aprobado y firmado por todos los asistentes: Evaristo Olcina (Secretario General Federal);Gloria Moro (Vicesecretaria General Federal del P.C.) Begoña Aguirre (Secretaria General
del P.C. Euskal Herria-EKA); José Ángel Pérez Nievas (Secretario General de P.C. de Navarra-EKA); Fernando Sanchez Aranaz (Secretario General del P.C. de Alava-EKA); Juantxo Zabala (Secretario Gneral P.C.Guipúzcoa-EKA);José María Tercero (Secretario General del P.C. de Madrid); Francisco Lodeiro (Secretario General del P.C. de Murcia); Carles Vilar (Por el P.C. del País Valencia);, Antonio Gil Bonanad ( por el P.C. del País Valencià); Antonio Ruiz (Secretario General P.C. de Cantabria);Fidel Pérez Puerto (Secretario General del P.C. de Andalucía); Fernando García Villarrubia (por el P.C. de Andalucia); Xavier Carbonell (Por el P.C. de Catalunya); Ernesto Perez Gormaz (Secretrario General P.C. de Aragón); José Miguel Gomez Tutor (por el P.C. de Aragón); y Miguel Angel Jiménez (Secretario de Actas del Consejo). Documento número
4.

Por correo certificado, desde Madrid, y con remite del Partido Carlista
(Calle Sagasta nº 7), se envió dicha carta el siguiente día 9 a la residencia
actual de Don Carlos Hugo en Bruselas (como documentos 2 y 3 se
acompañan fotocopias del recibo del certificado y del importe del mismo con
sus respectivos números de orden, aunque por razones obvias se hayan
eliminado los datos del domicilio del destinatario).

La carta no fue devuelta, razón por la cual no existe duda alguna de que
se recibió. Pese a ello, hasta el presente (septiembre de 2002) no se ha
recibido respuesta.

No puede nadie, después de lo anteriormente manifestado, sostener
que si Don Carlos Hugo decidió la entrega de un archivo del que tan solo era
(hasta 1979) transitorio depositario fue motivado por esa carta en la que el
Partido Carlista cometía la “osadía” de reclamar la devolución de lo que le
pertenecía, puesto que el acuerdo de entrega del mismo se alcanzó con el
Ministerio de Cultura en Enero de 2002 es decir cinco meses antes.

Y ya en el ámbito de la mentira y el disparate es indignante que se haya
también propagado que Don Carlos Hugo no había respondido a la carta, a la
que antes hacíamos alusión, como consecuencia de la negativa del Secretario
General del Partido respecto de la lectura de unas líneas de compromiso que el
Padre Artur Juncosa propuso a Don Carlos Hugo que las enviara y se leyeran
en Montejurra con motivo del descubrimiento de una estela en homenaje a su
padre Don Javier en ocasión del 25 aniversario de su muerte en el exilio. Tal
escueto mensaje fue remitido a Felip Villalonga, persona de confianza de la
familia Borbón Parma, tres días antes del acto de Montejurra, según el mismo
Villalonga manifestó a un militante catalán en la calle Estafeta de Pamplona la
tarde del 3 de mayo (antevíspera de Montejurra). Sin embargo Felip Villalonga
no lo hizo llegar al Consejo del día 4 en Estella (único al año en el que participa
como “representante” del Partido Carlista de les Illes Balears) y al que
curiosamente no asistió en esta ocasión pese a estar esa tarde en Estella
donde se le vio tras las pancartas exhibidas en la Plaza de los Fueros. Sí que,
no obstante, entregó una copia a Germán Barandalla Huici, quien como buen
militante se la mostró al Secretario General que la ojeó sin emitir comentario
alguno. En la sobremesa de la cena celebrada en el Hotel Irache varios
miembros del Consejo Federal expresaron su indignación al haber conocido
que se pretendía leer dicho mensaje habiéndose ignorado al órgano supremo
del Partido “entre Congresos” e incluso al Partido Carlista de Navarra-EKA
organizador del acto (nuevamente se despreciaba al Partido Carlista) por lo 8
que informado de lo anterior el Secretario General ordenó que tal mensaje,
cuyo contenido deliberadamente no se puso en conocimiento de su órgano
directivo, no fuese leído, lo que disciplinadamente cumplió Germán Barandalla
que previamente al acto, en la falda del monte, entregó al Secretario General la
fotocopia de que disponía (el mensaje que se pretendía leer se acompaña
como documento nº 5, y en él puede observarse que se han suprimido datos
tales como la persona a quien iba dirigido, fecha, etc., y efectuado el añadido
de los nombres de los nietos de Don Javier, igualmente, enel margen inferior se
puede observar la fecha en que se remitió, “2-MAY-02” por “Carlos”).

La extensión de la anterior referencia a un hecho desgraciado –
desgraciado porque ya fuera por cumplir ordenes superiores, ya por falta de
profesionalidad del portador, se ignoró premedita e intencionadamente al
Consejo General Federal, suprema autoridad del Partido que, muy
posiblemente, dado el escueto contenido y naturaleza del mensaje, habría
autorizado su lectura -. Algunos, sin embargo, intentaron también justificar la
entrega del patrimonio documental del Partido Carlista por Don Carlos Hugo
por la “ofensa” inferida al negársele tal posibilidad de ignorar públicamente al
Partido, pero ya se ha visto que la entrega estaba convenida bastante tiempo
atrás; incluso hay quien pretende aprovechar situación tan indeseada para
hacer “meritos” (méritos ¿par qué? ¡pobre hombre!), calificando de “grosería”
del Partido o de su Secretario General lo que tan solo fue un acto de coherente
autoridad y dignidad: lo que no conoce o no aprueba el supremo órgano del
Partido no existe, provenga de quien provenga. Malo es cuando se confunde la
dignidad con la grosería, porque muy posiblemente no se conoce el significado
de aquella y entonces es muy fácil caer en lo opuesto., la indignidad.

9
III .-LOS OTROS IGNORADOS.

No solo ha sido el Partido Carlista el no consultado o simplemente
informado-el ignorado, en definitiva-, tampoco lo han sido dos instituciones: la
“FUNDACIÓN DE AMIGOS DE LA HISTORIA DEL CARLISMO” (editora de
libros, como el “Breviario de Historia del Carlismo” con prólogo de DªMaría de
las Nieves de Borbón Parma, presentado en Olite con su asistencia; o
patrocinadora de desplazamientos a Trieste o a Solesmes) presidida por
Ramón Muruzabal, y a la “ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL MUSEO DEL
CARLISMO”, presidida por Germán Barandalla Huici. Respecto a ninguno de
ellos, dada la probada afección de ambos a la Familia Borbón Parma, puede
iimaginarse por nadie que exista la más mínima reticencia, prevención,
desagrado o animadversión por parte de Don Carlos Hugo; los dos, directivos
de instituciones, que por su propia naturaleza y fines, tanto podían decir
respecto al patrimonio documental entregado. ¿No eran acaso personas a la
altura intelectual del dúo de consejeros encargados de examinar y empaquetar
los documentos, o es que Don Carlos Hugo ignoraba la existencia de ambas
instituciones?. Respecto a lo primero nos abstenemos de opinar, “por sus
obras los conoceréis”, pero en cuanto a lo segundo téngase en cuenta lo que
acabamos de decir de la continua relación con el Presidente y con la
“Fundación de Amigos de la Historia del Carlismo” y también que cuando el 1
de diciembre de 2001 (solo un mes después se alcanzaba el acuerdo con el
ministerio) se presentó en Pamplona la “Asociación de Amigos del Museo del
Carlismo”, Don Carlos Hugo remitió un telegrama a propósito del acto, dirigido
afectuosamente a Germán Barandalla Huici como Presidente de la misma. Tal
vez, y volviendo a la reflexión anterior, será más prudente el pensar que
ninguno de ambos estaba “a la altura” requerida según criterios muy estrictos
de los dos inefables “consejeros”.

No ha importado para nada ni la propia existencia de esas instituciones
(tan apropiadas, lo hemos de repetir, para ser tenidas en cuenta, por activa y
por pasiva, en tal “affaire”), tampoco la amistad, ni la lealtad y la afección a los
Borbón Parma –ya legendaria en Germán Barandalla-; primaba mas el 10
“secretismo” (si todo era tan normal, legítimo y coherente ¿por qué razón ese
“secretismo”): ni se informó previamente, ni se contestó a la carta del Consejo
Federal de Dirección, ni se ha tenido en cuenta a amigos tan adictos que,
además, presiden respectivamente ambas instituciones. Desprecio es el
calificativo que mejor define una actitud en el contexto de un desgraciado
actuar.

Y si no es así, ¿es que se temía que la entrega planeada desde hace
mas de un año, comprometida el pasado enero y efectuada en julio, no fuese
aprobada ni admitida tan siquiera por los amigos?, ¿o acaso responde solo a
intereses privados, particulares, en una operación para la que es preciso algún
preparatorio “gesto” inequívoco?.

IV.- EL ACTO OFICIAL DE LA ENTREGA.

La noche del 1 de Julio, a las 22´30 horas, el servicio de noticias de la
Cadena COPE anunciaba que Don Carlos Hugo de Borbón Parma, Duque de
Parma (ya se sabe que hace años no utiliza ningún título español, ni vinculado
a la Casa Real española, ni de pretensión, o incógnito, como los de Duque de
Madrid o de San Jaime), había decidido hacer entrega al Archivo Histórico
Nacional de un denominado “archivo carlista de la familia Borbón Parma” –mas
adelante examinaremos y analizaremos tal inexacta calificación- sin especificar
nada más. Al siguiente día se pudo ampliar la información, concretándose
fecha, hora y lugar de la firma del documento de oficialización de la entrega de
un fondo documental que al menos en buena parte es propiedad del Partido
Carlista: sería el siguiente día 4 a las 12 horas en el salón Goya del Ministerio
de Educación, Cultura y Deporte.

El Partido Carlista reaccionó de inmediato, y el mismo día 2 remitió a los
medios de comunicación una nota firmada por su Secretario General en
nombre del Consejo General Federal, denunciando ante la opinión pública la 11
absoluta irregularidad de tal disposición de bienes privativos del Partido por
persona a quien no le pertenecían (la nota se reproduce como documento nº
6). También el Partido Carlista de Euskal Herria-EKA, el siguiente día 15 emitió
una declaración que además de a los medios de comunicación, se hizo llegar
a la Ministra de Cultura, al Lehendakari Ibarretxe y al Presidente del Gobierno
de Navarra, acompañada de una carta dirigida a cada uno de ellos
(documentos 7 y 8). Para disponer de la máxima información se enviaron
personas tanto al exterior como al interior del Ministerio.

Al acto asistieron, por el régimen, y además de la ministra del ramo, la
Presidenta del Congreso María Fernanda Rudí, la directora del Archivo
Histórico Nacional, el Director y el Secretario de la Real Academia de la
Historia, así como diversos historiadores como Carlos Seco Serrano, Fernando
García de Cortazar, Juan Pablo Fusi y Charles Powell, y también tres amigos
personales de la hermana de Don Carlos Hugo: Enrique Miret Magdalena,
Raul Morodo y Fernando Alvarez Miranda. Curiosamente, el diario ABC, que
publico una pequeña reseña el siguiente día 5, hacía una muy genérica
referencia a los asistentes –“numerosas personalidades del mundo de la
historia”, “numerosos historiadores”- pero señalaba de forma significativa la
presencia del “ex secretario general del Partido Carlista, Juan Francisco Martín
de Aguilera” que, evidentemente, asistía tan solo a título personal y tras haber
suplicado ser invitado al acto, como él mismo reconoció públicamente con
posterioridad. Destacar la asistencia del “ex secretario general del Partido
Carlista” puede entenderse como un intento (bastante triste y pobre, por
cierto), de paliar la fulminante reacción oficial del Partido Carlista que ya había
llegado a las agencias de prensa y a otros diversos medios de comunicación.
Pero era inútil: la opinión pública conocía que para nuestro Partido era
inadmisible esa entrega de una parte de su patrimonio histórico (documento
nº9).

Por lo demás, el acto se desarrollo dentro de los límites del ritual
acostumbrado con discursos laudatorios por ambas partes, mucho más
extenso el de Don Carlos Hugo pero con párrafos muy interesantes que más
adelante destacaremos, analizaremos y comentaremos. 12

Tras ambas intervenciones, los máximos protagonistas del evento
pasaron al conocido como “salón de los cuadros” para celebrar una conferencia
de prensa y responder a las preguntas de los periodistas. La primera se dirigió
a la ministra respecto a “si no era un contrasentido entregar los archivos a la
Administración Central cuando el Parlamento Foral de Navarra, en una decisión
tomada por unanimidad por todas las fuerzas políticas, había puesto en marcha
la creación de un Museo y Centro de Estudios especializados en el Carlismo y
cuando, precisamente desde el punto de la investigación histórica, se tiende a
la creación de estos centros especializados”, Pilar del Castillo no respondió
directamente a la pregunta y se remitió a las ventajas de los avances
tecnológicos –como la informática- para poder consultar tales fondos (criterio,
añadimos nosotros, en contradicción absoluta con el seguido respecto a los
fondos catalanes del Archivo de la Guerra Civil ubicado en Salamanca, y que la
misma ministra expuso contemporáneamente en contestación a las
pretensiones de la Generalitat de Catalunya; como curiosidad véase la página
de “La Razón” –documento nº 10- en la que se ofrece la reseña del Acto y, en
otro apartado, lo que la ministra opina respecto a “romper el principio de
unidad del Archivo” y que, según la misma, no significa “separación sino
destrucción”. Se ve que para los fondos carlistas tal destrucción no importa.

La siguiente pregunta se dirigió a Don Carlos Hugo respecto a que “si no
consideraba que el Partido Carlista tenía algo que decir en esta entrega y si el
partido había sido consultado sobre la misma”, a lo que respondió que “los
documentos depositados pertenecían a la familia Borbón Parma y que, por lo
tanto eran documentos privados”, (más adelante, en el apartado
correspondiente, analizaremos esta respuesta y su contradicción absoluta con
lo que el mismo Don Carlos Hugo acababa de expresar en su discurso leido).

Como cuestión incidental y al margen del tema del día, fue preguntado
también Don Carlos Hugo en cuanto a “si seguía manteniendo su pretensión al
trono de España”, siendo su respuesta; “que tenía otras prioridades en este
momento como construir un mundo mas justo e igualitario” aunque no concretó
si, como es lógico y dados sus vínculos con este país, la tarea debería iniciarse 13
respecto a los muy importantes problemas que aquejan cada día mas a
España. Lo que sí aclaró, sin el mas mínimo atisbo de duda ( a la pregunta del
mismo periodista en cuanto a sus relaciones con Don Juan Carlos) fue que las
mismas con el actual Jefe del Estado “son excelentes”.

V.- NATURALEZA Y CONTENIDO DE LO ENTREGADO EN
DEPÓSITO AL ARCHIVO HISTORICO NACIONAL.

Por el Propio Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y entre todas
las notas informativas y copias de discursos pronunciados, se hizo pública una
mínima relación de los fondos documentales comprendidos en el denominado
“archivo carlista de la Familia Borbón Parma”, aunque no de otros elementos
también integrados en el mismo como “objetos de recuerdo o curiosidad
histórica”. Lo depositado es, por consiguiente, de naturaleza mixta, y sin
conocer en su pormenorizada totalidad su contenido difícilmente podremos
pronunciarnos respecto a la magnitud de la entrega, que tan solo intuimos dada
su importancia numérica (“Los fondos recibidos suman unos 40.000
documentos escritos, además de documentos sonoros, fotografías y objetos
de recuerdo o curiosidad histórica” informa el referido comunicado, documento
nº 11). Ahora bien, de esa muestra ofrecida con tan solo 27 referencias
documentales al menos diez son de estricta propiedad del Partido Carlista, y
conste que para alcanzar tal conclusión nos hemos atenido a criterios
absolutamente restrictivos que superarían cualquier revisión de historiadores
solventes. Aunque un somero repaso de tal muestra por el lector, por muy lego
que sea en la materia, le llevaría a la misma conclusión, haremos una relación
de tales documentos de inequívoca propiedad del Partido Carlista:
• Instrucciones a los comandantes militares de la Tercera Guerra Carlista.
• Proclamas de Don Carlos de Borbón (Carlos VII) sobre la guerra (1873).
• Convocatoria de apertura de curso en la Universidad de Cervera,
trasladada a La Portella “per la Junta Superior Carlista de Catalunya
durant la guerra dels Set Anys” (1838). 14
• Actas de reuniones de Don Jaime de Borbón con las Juntas Carlistas de
Castilla la Vieja, Guipúzcoa y Valencia.
• Correspondencia del Príncipe Don Javier de Borbón Parma y Braganza
con dirigentes de la Comunión Tradicionalista durante la guerra civil
española (1936 a 1939).
• Cartas de Don Alfonso Carlos de Borbón a su sobrino Don Javier de
Borbón Parma dando cuenta de los intentos de acuerdo dinástico con
Alfonso XIII, y designándole sucesor al frente del Carlismo a título de
Regente (1936).
• Reunión de jefes carlistas en Insúa (Portugal) con motivo del Decreto de
Unificación dictado por Franco (1937).
• Proclamación de Don Javier de Borbón Parma como Rey de la Dinastía
Carlista (1952).
De la misma relación existen otros que mientras no sean examinados no
puede determinarse si por su contenido han de ser igualmente tenidos como de
propiedad del Partido, aunque en cualquier caso jamás podrán ser bienes
privativos “de la Familia Borbón Parma” tanto por el origen de los mismos como
por la razón por la que estaban confiados transitoriamente a la custodia del
titular dinástico, nunca, en supuesto alguno a la de la Familia, y para que decir
“de su propiedad”.
Naturalmente, la mínima relación de documentos ofrecida por el
Ministerio ofrece una laguna inmensa hasta los 40.000 a que se alude en los
diversos comunicados de igual alto organismo. Suponemos que en gran parte
serán los referidos al periodo que va desde 1957 (irrupción de Don Carlos
Hugo en el escenario político español) hasta 1979 año en el que abandona la
Jefatura del Partido Carlista, con mayoría referida a los últimos años sesenta y
década de los setenta, periodo de una importancia trascendental para la
historia del Partido pues comprende nada menos que el de evolución y
liberación ideológica y el enfrentamiento con el régimen franquista. ¿Puede
sostenerse que esa documentación pertenece a alguien que no sea el Partido
Carlista?, las actas de las reuniones en Arbonne ¿son “propiedad de la Familia
Borbón Parma”?.
15

VI.-LA TITULARIDAD DE UN PATRIMONIO.

En otra parte de este informe hacíamos reserva para tratar con especial
atención algunos párrafos del discurso de Don Carlos Hugo en el acto de
formalización de la entrega del fondo documental del Partido Carlista al
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte pues los consideramos altamente
esclarecedores, incluso dentro de su propia contradicción con otras
manifestaciones de Don Carlos Hugo en el mismo acto.

Reproducimos el primer párrafo: “Al entregar hoy los archivos históricos
de mi Familia, los que recibí de mi augusto padre, Don Javier de Borbón Parma
y, a través suyo, de nuestros antepasados en la Dinastía Carlista, estoy
convencido, junto a mis hermanas y mis hijos, de prestar un servicio a España”.

La confusión ¿a propósito buscada?, es completa. En primer lugar no
existen sus “antepasados en la Dinastía Carlista” sino “antecesores”, puesto
que la línea agnaticia de la Dinastía Legítima se extingue en el rey Alfonso
Carlos, lo que no obsta para que la Legitimidad carlista recayera
indiscutiblemente en el padre de Don Carlos Hugo , Don Javier (léase el
incontestable trabajo “¿Quién es el Rey?” de Fernando Polo), y es por tal
razón de que tan solo se pueda hablar de “antecesores” no de “antepasados”
(en el mismo buscado error se incurrió cuando al presentarse Don Carlos Hugo
en Montejurra en 1957 mencionaba en su discurso a “mi abuelo Carlos VII” (¡!).
Ningún titular de la Dinastía es, pues, “antepasado” de Don Javier ni, por
consiguiente, de Don Carlos Hugo sino “antecesor” en la titularidad dinástica.
Pero claro, si se utiliza el término “antepasado” es más fácil hacer incurrir en la
confusión y así pretender justificar lo injustificable.

Los “archivos” a que se refiere haber recibido “de mi augusto padre,
Don Javier de de Borbón Parma y, a través suyo, de nuestros antepasados en
la Dinastía Carlista” no eran bajo ningún criterio “propiedad de la Familia
Borbón Parma”, y ello por las siguientes razones: 16

A).- Los fondos documentales no estrictamente personales de Don
Alfonso Carlos anteriores a 1936 (año en que falleció) los tenía el rey en
depósito por transmisión dinástica de su sobrino Don Jaime que a su vez los
recibió de su padre Carlos VII, y así hasta Carlos V de Borbón, jamás como
herencia (salvo que aceptemos el sorprendente criterio que se puede
desprender de las palabras de Don Carlos Hugo de que quien originó en dos
siglos ese ingente acervo documental, el pueblo carlista –el Partido Carlista- es
también propiedad de la Dinastía)
.
B).- En supuesto alguno tal documentación sería, como se pretende,
“propiedad de la familia Borbón Parma” porque la transmisión del fondo
documental del Partido por Don Alfonso Carlos a Don Javier fue al único objeto
de que , al detentar la Regencia por la designación del titular dinástico, fuera
igualmente él el depositario-guardián de dicho patrimonio, del que ningún rey
carlista podía disponer a su libre albedrío, y para qué decir el resto de la familia
titular dinástica. Fue por tal razón que desde “la Generalísima” hasta la última
bandera, condecoración o pequeño recuerdo que se pudo salvar del anticarlista
afán destructor de Berta de Rohan, segunda esposa de Carlos VII, no se
incluyera en la herencia general del rey a repartir entre sus hijos, sino que
pasó directamente a su hijo y sucesor Don Jaime III como titular dinástico y
nuevo depositario de los restos del patrimonio del Partido Carlista, siendo mas
tarde reintegrados a éste como su legítimo propietario haciéndose posible la
creación del primer museo carlista en Pamplona. No se reintegró, sin embargo,
el fondo documental (lo que Doña Berta no logró destruir o vender a
anticuarios y libreros ingleses y que años después recobraría en gran parte el
hijo de Doña Blanca, Don Carlos de Habsburgo que, lógicamente, al haber sido
recobrado con su peculio y no ser titular dinástico consideró como suyo,
depositándolo en la finca “La Tenuta Reale”, residencia de sus tías en Italia) un
fondo documental que tras su paso por la residencia de Don Jaime en
Frohsdorf (nunca Don Jaime se los entregó o legó a ninguna de sus hermanas,
se confunde con la Tenuta Reale el P.Juncosa cuando recientemente se refiere
a ello en una página de Internet en correspondencia con un conspicuo
“tradicionalista” para intentar justificar la entrega, documento nº 12), fue 17
guardado en Puchheim, propiedad de Don Alfonso Carlos, su siguiente
depositario, castillo que legó a Don Javier, pero no el archivo carlista del que
siguió siendo depositario del Partido (como se vé va de titular en titular). Del
rigor de los reyes carlistas en disponer tan solo de lo que les pertenecía puede
ilustrar el hecho de que cuando Don Jaime hizo un legado a su ayuda de
cámara, el fiel “Resti” (de Nava del Rey), solo incluyó en él libros y objetos de
su estricta pertenencia (pitilleras de plata, esmaltes de Limoges, alguna
medalla por presidir la bendición de unas campanas…) o claramente familiares
(de la familia Borbón, de Francia, nunca de la de España: cubertería de caza
del Conde de Chambord, libros franceses con las armas de la Casa Real de
Francia…). Efectivamente, en fin, Don Javier guardaba documentación en
algunos “chateaux” franceses, pero no se intente confundir porque solo era
particular como lo son los famosos cuadernos de tapas negras de hule en los
que iba minuciosamente elaborando un diario de inestimable valor en la mayor
parte de sus anotaciones y que, lógicamente, sería un disparate su
reivindicación por el Partido Carlista.

C).- Hay que insistir en que si la documentación entregada no ha sido
nunca “propiedad de la Familia Borbón Parma” (imperdonable pero buscado
error, porque aunque es paradigmática la ignorancia histórica de los actuales
“consejeros”, jamás creemos llegue a tales extremos) tampoco lo ha sido, lo es
o lo podrá ser de Don Carlos Hugo, quien al asumir la titularidad dinástica y
jefatura del Partido tras la abdicación en 1975 de su padre y antecesor Don
Javier, se convertía en nuevo depositario de dicho patrimonio. ¿Lo ha seguido
siendo hasta el presente?. Tema absolutamente controvertido para una
discusión entre “legitimistas” (¿dejó de serlo cuando acudió al Palacio Real y
para adquirir la nacionalidad española reconoció “de facto” a Don Juan
Carlos?) y en la que no vamos a entrar pero lo que si que es evidente es que
en 1979 renunció de forma voluntaria a la Jefatura del Partido Carlista y que al
año siguiente él y toda su familia solicitaron la baja igualmente voluntaria en el
Partido. ¿Con qué título o razón podía seguir siendo tan siquiera el depositario
del patrimonio documental histórico del Partido?, con el de Abanderado, nos
podría decir algún monarquista: a quien lo diga le podemos contestar que por
ser Abanderado, (repásese de nuevo la obra de Melchor Ferrer) hay que 18
“ejercer” como tal y desde hace 23 años tal ejercicio (que hasta podía haberse
intentado como un simple gesto de preocupación por los problemas concretos
del pueblo español) no se ha producido, recuérdese a Juan III, el padre de
Carlos VII, sus veleidades con la usurpación le invalidaban como
“Abanderado”, y no ejerció como tal, aunque siguió siendo “Jefe de la Familia”
hasta que su hijo, tras la abdicación de aquel, asumió la titularidad. ¿Alguien
totalmente apartado de forma voluntaria de un partido puede disponer a su
voluntad de aquello de lo que es simple depositario?, ¿hay quien defienda que
el jefe o el secretario de un partido, que por los avatares de la política ha sido el
depositario circunstancial de la documentación del mismo, los pudiera seguir
teniendo en su poder al cesar en el cargo, o disponer de la misma sin contar
para nada con el partido al que pertenecen?. Don Carlos Hugo debió haberlos
reintegrado de inmediato en 1979 al Partido Carlista a través de su por
entonces Secretario General Mariano Zufía, o al menos habérselos ofrecido
para que el Consejo del Partido hubiera decidido lo mas conveniente. No lo
hizo en las diversas ocasiones en las que le fue reclamado, y no lo ha hecho ni
ha informado de nada tras la carta firmada por los miembros del Consejo
Federal de Dirección reunido la víspera de este Montejurra, y remitida el
siguiente día 9 de mayo.

Ningún titular dinástico ha sido propietario del patrimonio histórico del
Partido (como tampoco el Partido lo era, por ejemplo, de “El Correo Español”,
propiedad de Don Jaime); mucho menos la familia del titular; el Partido Carlista
jamás renunció a ese patrimonio; por el contrario ha mantenido la
reivindicación; y sin embargo sin consultar a su único propietario, el Partido
Carlista, Don Carlos Hugo ha dispuesto del mismo. Obténganse conclusiones.

Terminamos este apartado. Al principio nos referimos al primer párrafo
del discurso de Don Carlos Hugo en el acto del día 4 de julio en el Ministerio de
Educación, Cultura y Deporte en el que establecía que los archivos entregados
los había recibido de su padre Don Javier “y, a través suyo, de nuestros
antepasados(sic) en la Dinastía Carlista…” es decir se hacía un reconocimiento
nada implícito de que se efectuaba la entrega de un legado histórico
transitoriamente en manos de la Dinastía Carlista; pues bien, cuando en la 19
conferencia de prensa se le pregunta –como ya hemos narrado- si no
consideraba que el Partido Carlista tenía algo que decir en esta entrega y si el
Partido había sido consultado sobre la misma, respondió “los documentos
depositados pertenecían a la familia Borbón Parma y que, por lo tanto, eran
documentos privados”. He ahí nuestro asombro ¿Cómo puede llegarse a tal
absoluta contradicción para intentar justificar ese agravio al pueblo carlista, al
Partido Carlista?, más aún después de haber reconocido en el discurso que
ese patrimonio histórico lo tenia en tanto en cuanto había sucedido a su padre
en la titularidad dinástica, nunca como herencia o legado privado.

Y lo del “tío Enrique”. El “tío Enrique” es, era, el XVII marqués
de Cerralbo, y ahora su sobrino nieto lo ha querido poner de actualidad a
propósito de la entrega del patrimonio documental del Partido Carlista al
gobierno central, ya que el marqués donó todas sus colecciones y archivos y el
partido no protestó, de lo que se infiere, según el mismo pariente, lo absurdo de
nuestra actual protesta, y esto lo manifiesta en un largo documento sin firma
que ha intentado hacer circular en el mes de agosto pasado y al que nos
volveremos a referir mas adelante.

El “tío Enrique” es cierto que hizo una bonita donación al Estado,
constituyéndose tras su muerte en 1922 una Fundación que salvaguardara sus
colecciones en su total integridad, y así se creó un espacio museístico
consistente en el mantenimiento integral de un palacio de finales del XIX, mas
que excesivamente valioso curioso y muy agradable de visitar. Como “el tío
Enrique” fue en dos ocasiones jefe en el interior del Partido Carlista, en los
salones del palacio pueden verse muchos recuerdos carlistas donados al
Estado junto con todo lo demás, pero aquí viene la primera puntualización:
todo, absolutamente todo lo carlista expuesto es regalo personal tanto de
Carlos VII como de Jaime /// (así pueden verse numerosas fotografías,
dedicadas o no; un magnífico retrato a carboncillo de Don Carlos; el fajín que
utilizaba el rey en la batalla de Dicastillo; un revolver del mismo, el reloj de
Federico de Austria-Este, tío de Don Carlos…) y, además, para disipar dudas,
casi todo lo exhibido con la respectiva “auténtica” de la nota manuscrita del rey
acreditando el regalo de tales pertenencias personales no del Partido. ¿Cómo 20
iba a reclamar el Partido Carlista a Cerralbo –según en una alocada propuesta
sugiere el sobrino-nieto del marqués en su largo escrito-, si eran bienes
privativos suyos?. El ejemplo, justificatorio de lo injustificable, no es válido.

Tampoco si se refiere al fondo documental, igualmente donado al Estado
por “tío Enrique”, porque tal fondo está compuesto fundamentalmente por un
extensísimo archivo de la “Casa Cerralbo” y demás títulos del marqués, y en
cuanto a lo carlista por importante lote de correspondencia con Mella, Barrio y
Mier, Melgar, Cavero… dirigidas a Cerralbo o minutas de las cartas de éste a
aquellos, o a los reyes. Todo, como se ve, difícilmente reclamable por el
Partido Carlista puesto que por mucha importancia que ese material tenga
para, por ejemplo, conocer el “cisma mellista”, es documentación privada ¿o
acaso se podrían reclamar las cartas de los intelectuales amigos de Don Carlos
Hugo o de su hermana?, eso es particular pese a que quien lo reciba o quien lo
envíe tenga un puesto relevante dentro del Partido.

En cualquier caso, y fuera el que fuese el contenido de ese archivo, nos
resulta inquietante y hasta incomprensible que un acérrimo monarquista como
es el mencionado sobrino-nieto efectúe ahora una comparación que a todas
luces constituye un exabrupto fuera de tono a propósito de la entrega de los
fondos documentales del Partido Carlista por Don Carlos Hugo al gobierno
central. Sacar a colación, para justificar tal entrega, lo que hizo alguien como
Cerralbo que se pasó con Mella al enemigo (el enemigo del Partido Carlista, el
enemigo de Don Jaime III), nos parece de una ligereza intolerable que debería
tener una pública expresión de arrepentimiento. Y es que en las
manifestaciones de la mas extrema e interesada adulación deben evitarse
servilismos, voluntarios o no, que nublan el entendimiento y hacen caer en
equívocos con seguridad no deseados por quien los provoca.

21
VII.- LOS POSIBLES DEPÓSITOS.
En el discurso de entrega (en depósito) de una documentación “de la
Familia Borbón Parma” (que no dudamos que una pequeña parte así lo sea) y
de un muy importante cuantitativo y cualitativo archivo de exclusiva propiedad
del Partido Carlista, Don Carlos Hugo intentó justificar el hacerlo al gobierno
central al considerar que “su guardián mas seguro sea el Archivo Histórico
Nacional, un organismo del Estado y, por tanto, de todo el pueblo”, lo que ya,
de por sí, puede encuadrarse en el ámbito de las reflexiones centralistas:
:¿acaso los archivos de las distintas nacionalidades, regiones, comunidades,
etc. no están a disposición “de todo el pueblo”?, ¿acaso se desconoce que con
una tarjeta de investigador tramitada por el ministerio del ramo o, en otros
casos por el departamento de Cultura de una nacionalidad, región, etc.
cualquier persona, española o extranjera, puede acceder al archivo que desee?
¿O es que, dentro de la misma reflexión centralista, lo de estar a disposición
“de todo el pueblo” tan solo lo determina el estar en Madrid?.
Pero la decisión de quien hacia la entrega (depósito) al gobierno central
para que quedase en el archivo madrileño se aclaraba también cuando añadía.
“Depositamos esta ingente documentación confiados en el prestigio y bien
hacer del Archivo Histórico Nacional”. La confianza de Don Carlos Hugo
parecía ser confirmada por las palabras de la ministra: “El Archivo garatizará
las mejores condiciones para la conservación de este Legado de tanta
relevancia histórica”.
Es muy posible, seguro, que Don Carlos Hugo desconozca (nunca se ha
dedicado a la investigación histórica) cual es la situación real de los archivos
dependientes del Estado, y también que le haya sido imposible saberlo a través
de sus consejeros porque tampoco, jamás, han caído en esa tentación, pero la
realidad es la siguiente, y pasamos a dar alguna información puntual muy
ilustrativa: En España existen mas de treinta mil archivos, de los que los de
mayor relevancia (excepto el excepcional en cualquier sentido Archivo de la
Corona de Aragón) son de titularidad estatal, pues bien, si tenemos en cuenta
la recomendación de la UNESCO (un archivo por cada ocho kilómetros de
documentos) el Estado incumple tal recomendación (por ejemplo: el Archivo
General de la Administración guarda doscientos cuarenta kilómetros de 22
imprescindibles documentos). No hace mucho se ha reabierto el archivo del
Ministerio de Asuntos Exteriores, concretamente en Julio, tras haber tenido que
trasladar una sección de sus depósitos por haber caído parte del techo; es
también conocido que el extraordinario, a partir de cualquier valoración, Archivo
de Indias ha podido ser informatizado gracias a la iniciativa privada, y que
igualmente ha estado cerrado unos meses por problemas de infraestructura;
tampoco deben saber tales consejeros que en la Biblioteca Nacional hay un
retraso de dos años en catalogación de sus tambien excepcionales fondos, o
que el único inventario que existe del contenido del Archivo del Palacio Real es
de 1935 y circula bajo copias de mano en mano entre los investigadores. De
la sempiterna situación de nuestros archivos estatales también opina el
historiador Paul Preston, uno de los mayores especialistas en la España
contemporánea: “en cierta ocasión perseguía un documento del que no me
daban datos de su existencia. Un día se me ocurrió llevarles una caja de puros
y un whisky y, milagrosamente, ese documento apareció” (aclara Preston que
los encargados de tal labor archivística eran “ex guardias civiles” o sea,
personal “poco” especializado). Quizás quien, en fin, resuma mejor este
descorazonador panorama de los archivos estatales sea José María Luzón,
académico de Bellas Artes y ex director del Museo del Prado, quien en unas
declaraciones a ABC (diario nada sospechoso de enemistad hacia el gobierno
central) del día 4 de agosto pasado, decía; “estamos a años luz de Europa en
cuanto a archivos y a bibliotecas nacionales. Desgraciadamente en España es
más importante tapar que arreglar o que invertir en nuestros archivos y
bibliotecas”.
Obsérvese que no hemos mencionado ningún archivo no estatal, ni lo ha
hecho Luzón (se refiere a “archivos y bibliotecas nacionales”), tampoco
Preston. Habrá, las hay, excepciones, pero en general los archivos de las
nacionalidades (Catalunya, Euskadi, etc) están mas cuidados y ofrecen
mayores garantías de catalogación y conservación por estas simples razones:
sus fondos (volvemos a la excepción del de la Corona de Aragón) son mas
reducidos, constituyen la memoria escrita de cada comunidad y no se pierde su
documentación en los inmensos depósitos que acumulan los de titularidad
estatal, muy especialmente el Histórico Nacional. 23
¿Alguien puede imaginar que cuando existen esos retrasos de
catalogación de dos años en la Biblioteca Nacional, cuando cientos de miles de
documentos del tan extenso periodo comprendido desde el medioevo hasta el
siglo XVIII, se desintegran tan solo al tocarlos porque no se puede atender a la
inmensa tarea de su restauración por falta de medios, el ministerio va a distraer
una importante partida para clasificar, catalogar, restaurar y pasar a soporte
informático cuarenta mil documentos carlistas de los siglos XIX y XX…?, ¿pero
quién puede creerse eso?. Ya la propia ministra para salir del paso en ocasión
de dar las gracias por el depósito de que se hacia entrega al gobierno central,
echaba mano del comodín de la imprecisión: “En el plazo más breve posible , el
Archivo Histórico Nacional pondrá a disposición de los investigadores un
cuerpo de en torno a 40.000 documentos”, y añadía que “El Archivo
garantizará las mejores condiciones para la conservación de este Legado de
tanta relevancia”. Así sea, y lo decimos sinceramente porque por encima de
todo deseamos que además de que algún día esté en el lugar idóneo, en el
“Museo del Carlismo” de Estella, se conserve con las mayores garantías de
perdurabilidad esa importante parte del patrimonio documental del Partido
Carlista, Pero por la actitud de dejadez absoluta que hacia la investigación de
todo tipo, incluida la histórica, ha demostrado tradicionalmente la
administración central nos hace ser mas proclives al pesimismo que al
optimismo.
Puede ser igualmente ilustrativo lo que hace poco se ha hecho publico
en cuanto a que por igual ministerio se ha alcanzado un acuerdo con la
“Fundación Nacional Francisco Franco” para digitalizar sus fondos
documentales (constituidos por 27.000 documentos –los carlistas entregados
son 40.000- que según los expertos en una mínima parte pertenecen a la
familia de Franco siendo también el resto ajenos a la misma, por lo que ya
fueron reclamados por Tusell en nombre del Estado, su legitimo propietario).
Pues bien, si tal Fundación se creó en 1977, la digitalización se inició el año
2000, veintitrés años después.
Como también puede ayudar a obtener conclusiones el hecho siguiente:
tiempo antes de haberse acordado por unanimidad en el Parlamento Navarro la
creación del Museo del Carlismo, el Partido Carlista llegó a un acuerdo con el
Gobierno de Euskadi para que este patrocinase la restauración de banderas y 24
uniformes muy deteriorados, operación que ha resultado de una completa
eficacia, hasta el punto de que ahora ya están salvados y en perfectas
condiciones buena parte de esos fondos museísticos de excepcional
importancia, y ello sin contraprestación alguna. Pero todo tiene su explicación:
los fondos del patrimonio histórico del Partido Carlista son también en buena
parte testimonio inestimable de la historia de todo un pueblo, el de Euskal
Herria. Lo mismo hubiese ocurrido con los fondos documentales ahora
entregados al gobierno central en el supuesto de haberlo sido al gobierno de
Navarra, y ello aunque tan solo fuera, por ese ejecutivo, para alcanzar el
buen éxito en la magna empresa de la realidad de un museo que ha sido el
resultado de la voluntad de todo el pueblo navarro representado por la
unanimidad de sus representantes en el Parlamento. Ahora ese mismo pueblo
navarro se siente despojado, inicuamente despojado, de algo que en buena
parte consideraba sentimentalmente como propio y del que en su totalidad
estaba orgulloso de ser depositario por voluntad de su legítimo propietario, el
Partido Carlista.
No hay excusa para la entrega efectiva al gobierno central, ahora
detentado, además, por el derechista PP ( no nos confundamos; en Navarra,
aunque gobierne la sucursal del PP, el acuerdo fue de todo el espectro político,
y por otra parte el Partido Carlista de Navarra-EKA vigilaria su utilización,
exposición y conservación; en Madrid ¿quién lo controlará?) y, además, con la
peligrosa posibilidad añadida de que para “agilizar” la prometida y necesaria
clasificación, ordenación, registro, restauración y digitalización se ofrezca
alguna empresa, particular o fundación absolutamente extraña, si no enemiga
ideológica del Partido Carlista, con el riesgo que hasta para la misma
supervivencia de algunos documentos puede ello llevar consigo, (también
puede suceder en el Museo de Estella, pero hasta el presente el Partido
Carlista lo ha logrado impedir).
Los 40.000 documentos (los de Puchheim y los guardados en el piso de
Paris, lugar este último en el que, por cierto se conservaba el fondo
correspondiente al periodo de la lucha antifranquista, inmueble al que nunca
por ser residencia de DªCecilia pudo acceder ningún “pariente biológico” como
pretende el P. Juncosa respecto a otros ámbitos (doc, nº 12) pasaron a
Bélgica y de ahí serán, si no lo han sido ya, trasladados a Madrid. ¿Podían 25
seguir en Bélgica las 800 cajas que componen ese fondo documental?, ¿nadie
de la familia podía subvenir al gasto del alquiler de un local durante un tiempo
hasta que hubiese sido realidad el Museo del Carlismo?. ¿Por qué tanta
urgencia?. ¿Por qué esta precipitación?.
Como final de este apartado, podemos llegar a estas conclusiones a
tener en cuenta:
1ª.- La decisión del Partido Carlista, que como único propietario de su
patrimonio histórico, tenía acordado su deposito en el Museo del Carlismo, en
Estella, como la solución no solo mas justa, sino la única lógica y coherente
con los criterios de unicidad en la misma materia que facilite la labor
investigadora.
2ª.- Los archivos del gobierno central, dada la magnitud de su contenido y la
escasez de sus dotaciones presupuestarias, no ofrecen garantías suficientes
para una pronta clasificación, restauración y accesibilidad a unos fondos
cuantiosos, nuevos y, en su mayoría, relativos a una etapa y a una actitud, la
carlista contemporánea, nada cómoda para el sistema político actual desde el
punto de vista tanto institucional como ideológico.
3ª.- Dado el interés y el comportamiento demostrado no solo por el Gobierno
de Euskadi sino por el de Navarra, y la general atención que las instituciones
de estos territorios prestan a sus signos de identidad y a todo lo que se refiere
a su historia privativa, la entrega en deposito al gobierno navarro para ser
integrados en el “corpus” general documental del Museo del Carlismo, hubiese
sido la más apropiada para garantizar su mejor conservación y su pronta
disponibilidad para la consulta.
4ª.- Nada, absolutamente nada, justifica la entrega de esa parte tan importante
del patrimonio documental propiedad del Partido Carlista al gobierno central, y
mucho menos la urgencia –precipitación, sería el término apropiado-, el
secretismo de la operación y la decisión, en definitiva, en unicidad de criterio
por persona carente de titularidad para disponer de algo cuya capacidad,
incluso para ser mero depositario, no existe a ningún efecto desde 1979.

26
VIII.- LA RAZON DE LA ENTREGA DEL PATRIMONIO
DOCUMENTAL PROPIEDAD DEL PARTIDO CARLISTA.
Un largo escrito (que no reproducimos por su extensión:13 folios) del
que no sabemos el porqué era pretendidamente apócrifo aunque por su
contenido ingenuo y con desvaríos de alcanforadas alucinaciones a lo Antiguo
Régimen no lograba el anonimato, contenía alguna que otra información
utilizable. Empezaba con esta frase que tiene una importancia capital porque
en su descarnada, terminante y estremecedora claridad constituía la
confirmación de una actitud que desde 1980 se había ocultado en un
enigmático silencio, después sustituido (la imposición de condecoraciones en
1999 y 2000) por un proceder que daba motivo a toda clase de conjeturas,
especulaciones y para algunos, los ahora mas lamentablemente engañados,
de ilusiones. La frase es esta: “S.M. (se refiere a Don Carlos Hugo) DEJÓ
SENTADO QUE “NUESTRO VIEJO Y GLORIOSO PARTIDO” NO
INTERESABA PARA SUS OBJETIVOS”. Tal declaración fue hecha a J.F.
Martín de Aguilera el día 20 de junio de 2000 cuando tras una reiterada
solicitud fue recibido al mediodía por Don Carlos Hugo en el piso de su
hermana en Majadahonda donde se encontraba con motivo de la
presentación, ese mismo día, del libro “Carlos Hugo – La transición Política del
Carlismo” firmado por J.C.Clemente en el Circulo de Bellas Artes de Madrid. La
entrevista duraría mas del tiempo previsto y, a excepción de esa iluminadora
frase, se desarrolló en los habituales términos de la vaguedad y el no
compromiso.
Tras lo anterior, el día 13 de octubre del mismo año, 102 carlistas se
desplazaron a Trieste ciudad en la que se celebraría un acto dinástico en la
antigua residencia en la que Don Carlos V de Borbón vivía de la caridad de
otros parientes tras haberle sido incautados todos los bienes por la “revolución”
liberal, manteniendo su total dignidad rodeado de un pequeño grupo de
seguidores con el mismo espíritu de sacrificio. En aquel lugar Don Carlos Hugo
pronunció un discurso en el que afirmó que su legitimidad reside
fundamentalmente en el “Pacto de la Dinastía con el Pueblo”, añadiendo que
sus antecesores fueron siempre fieles: “Ellos no rompieron el pacto.
Estuvieron al lado del pueblo carlista”. ¿Existe alguna congruencia entre lo que 27
confesó a Martín de Aguilera y lo de Trieste?. ¿Qué es “el pueblo carlista” para
Don Carlos Hugo?, ¿algo distinto al Partido Carlista?, ¿acaso la reacción
tocada con la boina roja?, porque no existen otras opciones. ¿Para qué hizo
desplazarse a 102 carlistas, muchos de ellos con auténtico sacrificio, nada
menos que a Trieste, si el Partido Carlista (allí solo había simpatizantes y
militantes del partido) ya “no interesaba a sus objetivos”?.
La actual disposición del patrimonio documental del Partido Carlista a
favor del gobierno central lo aclara. Don Carlos Hugo rompe con la actitud y
consecuencia en el actuar de sus antecesores y se comporta en el ámbito de la
más pura tradición borbónica: el absolutismo centralista. Si Luis XIV se guiaba
por el principio “el Estado soy yo”, Don Carlos Hugo lo sustituye por un
autoconvencido –sin base alguna- “el Carlismo soy yo”. Queda con ello
evidenciado un talante que hace supeditarlo todo a su propia “estrategia”. Pero
las estrategias se establecen para lograr un objetivo. ¿Existe?, si, aunque seria
insensato por nuestra parte aventurar cualquier conjetura por muchos datos de
que dispongamos. Naturalmente en ese pretendido objetivo (“cuando no se
puede entrar por la puerta se entra por la ventana”, coloquial frase de Don
Carlos Hugo que repetía a sus íntimos en los años sesenta) el Partido Carlista
no existe, y es mas: constituye un estorbo. Por eso es siempre ignorado
mensaje por la inauguración de la estela en memoria del rey Don Javier;
silencio a la carta de reclamación del patrimonio; marginación de cualquier
persona, por muy especialista que sea en historia del Carlismo, cuando en
noviembre de 1999 se preparaba la entrega del patrimonio documental, y ello
por el solo hecho de ser militante del Partido…).
¿Qué queda del Don Carlos Hugo “socialista, federalista y
autogestionario”?. ¿Es “socialista” su actitud y disposición absolutista a lo
Antiguo Régimen, totalmente fuera de esa ideología?, ¿es “autogestionario”
disponer, sin informar ni consultar a su propietario, de un patrimonio que
pertenece por titularidad y sentimentalmente al “pueblo carlista” con el que en
Trieste dijo renovar “el Pacto”?, ¿es, en fin, “federalista” el entregar al gobierno
central un patrimonio que por méritos centenarios de sangre y sacrificio
correspondería custodiar a Navarra, y en lo que el Partido Carlista, su único
propietario, estaba unánimemente de acuerdo?.
28
Quizás sea cierto que los “consejeros” han tenido una muy importante
parte de culpa en tal proceder, unos consejeros que se han jactado o bien de
no haber sido jamás carlistas (Clemente) o de despreciar al Partido Carlista
(Romanillos); tal vez quien de ellos ame al Carlismo sea el P. Juncosa,(por lo
demás el único con verdadera formación intelectual), pero el P. Juncosa, en
base a una interpretación estrictamente confesional del Carlismo, no cree
tampoco en su positivización (su trabajo en la revista de la Compañía de Jesús,
“Razón y Fé” de 1984, sirve para explicar su tesis). No obstante, si Don Carlos
Hugo se ha dejado una vez mas mal aconsejar es lógicamente cuestión
estrictamente suya, salvo que incluso ahora, que por propia voluntad no tiene
absolutamente nada que ver con el Partido Carlista, su decisión nos ha
afectado de forma muy importante y en algo que ni toleramos ni jamás
olvidaremos.
En la permanente pugna entre la Dignidad y el sometimiento, el Partido
Carlista ha optado y seguirá optando por la Dignidad.

IX.-¿EXISTE AÚN ALGUNA POSIBLE SOLUCIÓN?.
El Partido Carlista desconoce aún oficialmente el documento por el que
se regula la entrega en comodato por 99 años de su patrimonio documental al
gobierno central. No sabe si la posibilidad que ahora exponemos puede ser
realizable, o si, existe otra. La que ofrecemos es esta: que si Don Carlos Hugo
le importa aún algo el Carlismo y no mantener el agravio inferido al Partido
Carlista y al pueblo navarro, obtenga que los fondos originales ahora
destinados al Archivo Histórico Nacional pasen, previo reconocimiento público
de la propiedad de los pertenecientes al Partido Carlista, al Museo del
Carlismo, en Estella, y que el soporte informático que se pretende realizar
quede en el archivo madrileño, o sea: al revés de lo previsto. Aunque siempre
lo mejor sería la denuncia del acuerdo por Don Carlos Hugo, pero eso es
impensable que se pueda producir.
Nos tememos sin embargo, que cualquier solución, al escapar a su
estrategia para el logro de sus “objetivos”, ni tan siquiera se tome en
consideración por Don Carlos Hugo.

SEPTIEMBRE 2002. 29
APÉNDICE DOCUMENTAL
A continuación de la reproducción de los documentos
reseñados en el informe, se acompaña como somero
complemento un muestreo del eco informativo que la entrega
tuvo en los medios de comunicación escritos. Tras las
reseñas de prensa hemos añadido tres artículos de opinión:
dos de ellos con un absoluto respeto hacia nuestro Partido, y
el tercero escrito por un conocido “juanista” sevillano que pese
a su rencor resume quizás como ninguno lo que realmente se
ha pretendido con la entrega: “un definitivo abrazo de
Vergara”. También es importante destacar que nadie, ningún
comentarista, historiador o político ha puesto en duda que lo
entregado es es su casi totalidad, propiedad del Partido
Carlista.

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