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40 años de los asesinatos de Montejurra

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Política

¿Despertaremos?

 

por Javier Echeverría Zabalza * Miembro de Attac Navarra-Nafarroa – Jueves, 3 de Enero de 2013

Hace ya un tiempo que a uno le cuesta entender lo que está pasando. O sí entiende, pero como borroso, como si se tuviera una pesadilla. Y por lo que veo, a bastante gente le pasa lo mismo. Nos han recortado derechos económicos, sociales y políticos básicos, entre ellos el trabajo, los salarios, los distintos servicios sociales, la vivienda, las pensiones… Y lo siguen haciendo cada vez más. Dicen que hay que reducir el déficit y pagar una deuda pública que no hemos creado y que crece a pasos agigantados a medida que se socializa la deuda privada.

Pero sabemos que déficit y deuda son sólo pretextos para recortar esos derechos, porque hay otras políticas favorables a las personas que se podrían y deberían hacer en lugar de estos recortes. Si repasamos el rosario de privatizaciones, vemos que importantísimos sectores que antes eran públicos, como la energía, el transporte, la sanidad, la educación, los servicios sociales, las comunicaciones…-ni cito la banca-, han pasado, están pasando o van a pasar en un futuro próximo a manos privadas total o parcialmente.

Y está bien claro que no es cierto lo que nos dicen de que lo privado tiene una eficiencia superior a lo público; ni siquiera económica. Lo que vemos es que se permiten oligopolios en el sector energético que pactan precios mucho más caros que lo que deberían ser, que lo que les importa a las empresas de otros sectores son sus beneficios y no nuestra salud, educación, cuidados…, que nos manipulan mucho más descaradamente que antes en la mayoría de medios de comunicación…

Y algo que indigna de forma especial es que la poca democracia que teníamos cada vez se achica más, que cada vez se reprime más, que cada vez se miente más descaradamente desde el poder, que se nos trata como a niños. Nos dicen que en la Constitución han puesto, de un día para otro, que el déficit y la deuda están por encima de todos los derechos que se recogen en ella; ¡por orden de la Troika! Y nos imponen que hay que pagar por ponerse enfermo, que sólo los ricos tendrán posibilidad de acudir a la justicia para defenderse, que los pobres que quieran estudios universitarios se tendrán que endeudar sin saber cuándo podrán pagar esa deuda… Lo único que parece importarles son nuestros votos. Y sólo cito unas cuantas cosas. Hay o va a haber muchas más. Están haciendo una auténtica revolución a favor de los bancos  grandes empresas, y los dos partidos gobernantes se han puesto de su parte. Con diferencias en algunos aspectos sociales y derechos civiles, pero con muy pocas en lo económico. Ni en sueños uno podría creer que lo estamos permitiendo. No se puede entender que no veamos o no queramos ver lo que nos están haciendo. Por lo mucho que nos costó conquistar lo que nos quitan y por la horrible sociedad que vamos a dejar a las generaciones que nos siguen. Es cierto que hay mucha gente que se está movilizando contra los recortes y las privatizaciones. Incluso hemos hecho varias huelgas generales. Pero, a pesar de todo, es bien evidente que no es suficiente.

Incluso hay varias cosas que producen tristeza cuando se analiza algunas de estas movilizaciones. Aunque se trate de entenderlas. Sabemos que hay mucha gente que tiene miedo y desánimo, aunque creo que deberían hacer un esfuerzo por superarlos; nos estamos jugando el futuro, también el suyo y el de sus hijos. Sabemos que hay un sector de gente que todavía no somos lo suficientemente pobres. A estos, si su pasividad es egoísta y no pueden tener siquiera un poco de compasión y solidaridad –no va de limosnas- con la cada vez mayor cantidad de víctimas que están en una situación angustiosa, a esos, si se dan cuenta y no hacen nada, sólo cabe despreciar su actitud.

También sabemos que hay mucha gente que piensa que estamos en medio de una fuerte tormenta y que, después de los destrozos, pasará y volverá a salir el sol. A toda esta gente, que creo que es mucha, habría que decirles que despierten, que ningún derecho se ha recuperado sin tener que volver a conquistarlo de nuevo, que ninguna privatización ha revertido sin tener que provocar importantes cambios sociales, y que esta crisis no es una crisis más; como decía, se trata de toda una revolución regresiva que tiene como objetivo una sociedad nada deseable: ellos mismos dicen que su modelo es superar a China en lo peor. Y luego están los sindicatos, los partidos y otro tipo de organizaciones. Entiendo muchos de los argumentos de unos y otros acerca de lo malos que han sido los otros y las faenas tan grandes que nos han hecho. Tanto entiendo que hasta comparto algunos de esos argumentos. Pero aunque se comprenda sus críticas, no se entienden sus posicionamientos. No se entiende que andemos en juegos florales cuando nos están esquilmando todo. No se comprende que estén midiendo cómo sacar unos pocos votos más o cómo no perderlos cuando cada vez más gente está llegando a situaciones desesperadas.

No se puede entender que quienes debieran ser los primeros en ponerse al frente para defender la justicia social se escuden en justificaciones dudosas para no unir fuerzas contra los verdaderos enemigos. Que conste que no soy partidario de la unidad a cualquier precio. Ni de desenfocar la lucha por bajar el listón para conseguirla. Creo que es absolutamente necesario dotarnos de objetivos políticos claros que orienten la acción conjunta.

Pero estoy plenamente convencido de que hay un amplio sector social, incluyendo en él a sindicatos, partidos, organizaciones y movimientos sociales, así como muchas personas social y políticamente sensibles, que nos podríamos poner de acuerdo en un programa de mínimos suficientemente ambicioso como para crear ilusión y movilizar a la gente en la dirección adecuada. Necesitamos esa referencia –programa y unidad suficiente- para lograr una mayoría social capaz de ganar el trascendental reto que nos han planteado.

Y me gustaría hacer una consideración final. Aquí y en otros territorios del Estado tenemos una dificultad más para conseguir la unidad que necesitamos: la existencia de diferentes sensibilidades indentitarias. Pero nacionalistas y no nacionalistas de izquierdas deberíamos entender que tenemos un largo camino que recorrer juntos. El programa de mínimos que sugería debe tener tres ejes fundamentales: el social, el de profundización democrática y el ecológico. Y todas deberíamos entender que la solución a cualquier contencioso pasa por ellos. También la consecución del derecho a decidir la organización territorial, social, política y económica que queremos tener. Deberíamos esforzarnos un poco más por superar viejas heridas, sectarismos y rutinas, y centrarnos de una vez en lo que nos exige esta situación: luchar unidos por salir de ella con una sociedad más humana y democrática en lugar de con la sociedad autoritaria, antisocial y antiecológica que nos espera si lo permitimos. Quienes queremos conseguir la primera y evitar la segunda tenemos al menos la obligación de despertar de una vez e intentarlo.

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Feliz Navidad, y próspero Año Nuevo 2013

El Secretario General Federal del Partido Carlista, desea a todo los compañeros, y a toda la Sociedad en genral, que pasen unos felices días de Navidad al lado de los que más quieren, a pesar de la que está cayendo, y que el próximo Año Nuevo 2013 renueve también nuestras fuerzas para hacer frente al ataque masivo que la Sociedad está sufriendo por parte del Liberalismo, a cuyo servicio estásn los Gobiernos que nos está tocando sufrir.

Jesús Mª Aragón Samanes

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Feliz Navidad, y próspero Año Nuevo 2013

El Secretario General Federal del Partido Carlista desea a todos los compañeros, y a la Sociedad en general, que pasen unos felices días de Navidad al lado de los que más quieren, a pesar de la que está cayendo, y que el Año Nuevo 2013 renueve también nuestras fuerzas para hacer frente al ataque masivo que la Sociedad está sufriendo por parte del Liberalismo, a cuyo servicio están los Gobiernos que nos está tocando sufrir.

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10 de diciembre de 1948

Día Internacional de los Derechos Humanos, tu voz cuenta

Activistas de derechos humanos, por josu oskoz y andrés krakenberger – Lunes, 10 de Diciembre de 2012 – Actualizado a las 05:10h

eSTE año, y bajo el título Mi voz cuenta, el Día Internacional de los Derechos Humanos está dedicado al derecho de las personas a participar en los procesos de dirección de los asuntos públicos, participación entendida no solo como un medio útil para otros fines sino también como un derecho humano que debe ser disfrutado por sí mismo.

Existen diferentes disposiciones sobre la participación en los instrumentos internacionales de derechos humanos. Así, por ejemplo, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, recogiendo los preceptos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, consagra el derecho a la participación política y describe los derechos a votar y ser elegidos, así como los derechos a participar en la dirección de los asuntos públicos y a tener acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas.

En el mismo sentido, la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer establece que los Estados tomarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer en la vida política y pública del país y, en particular, garantizarán a las mujeres, en igualdad de condiciones con los hombres, el derecho a participar en la formulación de las políticas gubernamentales y en la ejecución de estas, y ocupar cargos públicos y ejercer todas las funciones públicas en todos los planos gubernamentales.No obstante, y siguiendo indicaciones del Comité de Derechos Humanos de la ONU, queremos llamar la atención sobre el hecho de que la dirección de los asuntos públicos es un concepto amplio que se refiere no solo al ejercicio del poder político sino que abarca todos los aspectos de la Administración Pública y la formulación y aplicación de las políticas.

No basta, por tanto, con que exista una democracia electoral asentada, se precisan igualmente mecanismos concretos que permitan a la ciudadanía participar de manera útil y efectiva en los procesos de toma de decisiones y en la formulación de las políticas públicas. Además, los principios de transparencia y rendición de cuentas, aspectos centrales de los derechos humanos, establecen que durante tales procesos debe existir información clara y asequible para poder evaluar los mismos bajo los principios de la perspectiva de derechos humanos.

Se precisan mecanismos que permitan a la ciudadanía participar en los procesos de toma de decisiones                                                                Los derechos humanos representan también una oportunidad inigualable para la transformación social

Estos principios, bien entendidos y aplicados, acarrean pautas concretas de comportamiento para los poderes públicos. Veamos un ejemplo. A nadie se le escapa que en el contexto de la actual crisis económica y ajustes presupuestarios imperantes la limitación de recursos impone la elección de unas políticas determinadas, tales como la reducción del gasto público o el establecimiento de impuestos regresivos que pueden representar una carga añadida desigual para las personas. Ante tal situación, cabe preguntarse cómo se deben asignar prioridades de forma compatible con las obligaciones nacionales e internacionales de los gobiernos en materia de derechos humanos.

El Derecho Internacional de los Derechos Humanos no ofrece una orientación precisa sobre la forma en que los Estados deben asignar las prioridades conforme a sus obligaciones en materia de derechos humanos. Sin embargo, los Estados deben diseñar y aplicar todas las políticas conforme a sus obligaciones contraídas sobre la base de estos derechos.

Si de verdad se pretende asegurar la participación, la rendición de cuentas y la transparencia, al formular las políticas en respuesta a la crisis, se debería establecer la participación libre y significativa de la sociedad, en particular de las personas y grupos más vulnerables o que directamente se ven afectadas por las mismas, de forma que dicha vulnerabilidad sea tenida en cuenta a la hora de establecer prioridades en la gestión de los recursos públicos.

En definitiva, los derechos humanos exigen que la aplicación de políticas se acompañe de procesos transparentes y participativos, y de un examen exhaustivo de las alternativas existentes y fortaleciendo la capacidad de la ciudadanía a la hora de ejercer sus derechos. Hablamos de procesos participativos en los que, a diferencia de lo que actualmente conocemos, se tenga en cuenta también a las personas y grupos más desfavorecidos, atendiendo no solo los intereses de poderosos grupos de presión.

Estos principios, por tanto, van mucho más allá de nuestra actual democracia electoral e implican un profundo cambio en la formulación, aplicación, vigilancia y evaluación de la gestión de los asuntos públicos. Una apuesta decidida de nuestros gobernantes por profundizar en los mismos hablaría, mucho y bien, sobre la calidad de nuestra democracia.

Esto es demasiado importante para dejarlo en manos de nuestros gobernantes. Nosotras y nosotros también podemos apostar de forma decidida por un nuevo modelo. Los derechos humanos, además de ser una obligación principalmente para los Estados, representan también una oportunidad inigualable para la transformación social. Como ciudadanas y ciudadanos podemos participar en la dirección de los asuntos públicos ejerciendo influencia mediante el debate y el diálogo públicos, y gracias a nuestra capacidad para organizarnos y movilizarnos. A esta participación, que se respalda garantizando la libertad de expresión, reunión y asociación, queremos también apelar con el presente artículo animando a todas las y los ciudadanos a participar, a hacerse oír. Tu voz cuenta.

 

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LA DEUDA: UNA PISTOLA EN LA SIEN

 

 

por manuel millera carrera – Sábado, 3 de Noviembre de 2012

“No hay crisis porque las masas rechacen que las riquezas se concentren en manos de unos pocos. Hay crisis porque esos individuos depositan en bancos extranjeros unas sumas colosales que bastarían para desarrollar África. Hay crisis porque ante las riquezas individuales, las masas populares se niegan a vivir en los ghettos y barrios bajos (…). La exacerbación de esta lucha hace que los defensores del poder financiero se inquieten (…). La deuda no debe ser reembolsada, porque, si no pagamos, los prestamistas no morirán; en cambio, si pagamos, nosotros moriremos (…). Si solo Burkina Faso rehúsa el pago de su deuda, yo no estaré en la próxima conferencia”.

Thomas Sankara, expresidente de Burkina Faso (1983-1987).                                                                                                                                             ESTA certera predicción fue pronunciada por T. Sankara en el discurso de Addis-Abeba, (Etiopía) ante la OUA en 1986. Fue asesinado el 15 de octubre de 1987, y se ha cumplido el 25 aniversario de su muerte, por ello es el día mundial del repudio a la deuda, en su memoria. Durante esos 4 años, Burkina Faso brilló como tenaz ejemplo de la dignidad africana. “La deuda es una inteligente maniobra para reconquistar África. Una reconquista que nos convierte, a cada uno, en esclavo financiero”. Deuda ilegítima, deuda odiosa, deuda militar, 3 caras del mismo engaño.El Estado español ha pagado ya tres veces la deuda pública que tenía en 2000 y todavía sigue debiendo casi el doble                                                                                                                                                                                                                               ¿No es violencia que te echen de tu casa unos bancos a los que se ha salvado con dinero público?                                                                       ¿Sabía que los Estados solo crean directamente menos del 10% del dinero circulante porque el resto lo crean de forma intangible los bancos (sobre todo) y por acceder a ese dinero virtual es por lo que las economías europeas están en deuda y pagan en intereses más que el sueldo de todos sus empleados? ¿Y que por cada euro que los bancos reciben en depósito, crean nuevos medios de pago -se inventan- por valor de entre cinco o diez euros más? Ése es el dinero que prestan. Francia lleva pagados 1,1 billones de euros en intereses desde 1980 a 1996 para una deuda que era de 229.000. Si ese dinero lo hubiera financiado su banco central en vez de los bancos privados se habrían ahorrado 914.000 millones de euros. El Estado español ha pagado ya tres veces la deuda pública que tenía en 2000 y todavía sigue debiendo casi el doble. En toda la Unión Europea se pagan 350.000 millones de euros a la banca privada en intereses.

Todo esto y mucho más lo encontrará en el libro de Vicenç Navarro y Juan Torres López Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero (Espasa). Según la RAE, terrorismo es: 1) Dominación por el terror. 2) Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. ¿Sabía que, según una de las revistas científicas más acreditadas en salud, murieron 4,47 millones de niños durante el periodo 1990-2002 como consecuencia de las políticas de austeridad del FMI, casi tantos como judíos murieron en el holocausto?

Levantarse una mañana y comprobar lo elevado de la prima de riesgo es desayunar con una bomba bajo la silla. Hacerlo durante un tiempo largo es sentir la presión continua de una pistola en el pecho.  ¿O comprar armas de guerra sin consentimiento? Llevar 12 meses seguidos en el paro puede volverte loco; nuestros sagaces políticos deberían probarlo en su propia carne, por ineptos. ¿Acaso las calificadoras de riesgo son neutrales? En 1996, según Thomas Friedman, columnista del NY Times, en el mundo había dos superpotencias: EEUU y los servicios de calificación de bonos, pero no quedó muy claro cuál de las dos era mayor. Y desde entonces, su poder no ha hecho sino crecer. Las tres marías, Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch han determinado la evolución de la crisis (léase estafa) de manera evidente, sin que los gobiernos hayan hecho nada por anularla o atenuarla. Ello atenta contra las autonomías nacionales.

Respecto al rescate bancario, el 21 de junio de 2012, los auditores Oliver Wyman y Roland Berger, contratados por el Gobierno de Rajoy, entregan sus tan esperados informes y confirman lo que todo el mundo sabía: el sector bancario necesita ser saneado. El monto necesario podría llegar a los 62.000 millones de euros. Estas sociedades privadas se han embolsado 2 millones de euros del contribuyente por este trabajo de expertos. Pero ¿quiénes son estos auditores y a quién beneficia este asesoramiento? Jérome Duval asegura que ambas auditorías están implicadas directamente en las quiebras de Irlanda, Citygroup y Grecia. Roland Berger es el asesor personal de una tal Angela Merkel. Endeudarse para pagar antiguas deudas con la pretensión de resolver el problema tiene un aire de déjà vu: los países del sur han pagado ya muchas veces la deuda que tenían en el momento de la crisis de los 80, pero siguen endeudándose para seguir pagando… Con el juego de los intereses, este círculo vicioso se ha cerrado sobre ellos y los acreedores tienen la última palabra para cualquier cambio político de importancia. Un verdadero regalo envenenado para griegos y todos los pueblos europeos. Además, el gallego de los hilillos en el Prestige gastará otros 2 millones en pagar a Álvarez & Marsal para gestionar el banco malo, entidad en la que todos estamos deseando meter nuestro dinero. El propio centro de investigación económica del FMI reconoce que las propuestas del FMI estaban equivocadas, pero nadie dimite, ni toma medidas.

Según el informe Verdades y mentiras en el presupuesto militar español de 2013 publicado por el Centro de Estudios para la Paz JM Delàs, la deuda del Ministerio de Defensa alcanza los 32.000 millones de euros, para aviones y fragatas de combate que nadie necesita, y una buena parte de ellos van cerca de los bolsillos del ministro de Defensa, accionista importante de algunas de las empresas adjudicatarias. ¿Sabía que en un solo edificio del paraíso fiscal de las islas Caimán están registradas 18.000 sociedades? No hace falta una furgoneta policial, basta con la camioneta que reparte la leche, para pasar a la hora de salida y meterlos en la cárcel o llevarlos a vivir al extrarradio. Deuda ilegítima es aquella contraída contra los intereses de la población de un país con el completo conocimiento del acreedor, y por tanto, no debe pagarse. La deuda es la excusa perfecta para recortes (léase amputaciones), la trampa inmaculada para llevarnos a la pobreza y la esclavitud del siglo XXI. Una banca pública es posible, y los políticos pueden, si quieren, acabar con los privilegios de la banca. Capitalismo y democracia son incompatibles. No hay otra alternativa: O la deuda o nosotros/as.

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XIII Congreso Federal del Partido Carlista de las Españas

 

 

 

El Partido Carlista de las Españas ha celebrado su XIII Congreso Federal en la localidad navarra de Estella-Lizarra durante los días 9, 10 y 11 de noviembre de 2012.

Han sido revisados los Estatutos, así como la ideología, y se ha elegido nuevo Secretario General Federal; el elegido ha sido Jesús Mª Aragón Samanes, que ha venido ejerciendo esa función durante los tres últimos años.

Esta Asamblea del Partido Carlista ha mostrado su preocupación por la situación de crisis económica a la que nos han llevado los poderosos que se mueven en la economía especulativa y financiera, y cuyo fruto más negativo estamos viendo en los desahucios y en la desesperación que ello conlleva hasta el punto de que hay quien toma la decisión desesperada del suicidio.

Por toda esta injusta situación, esta Asamblea general del Partido Carlista de las Españas apoya la Huelga General convocada  para el próximo miércoles 14 de noviembre.

 

Jesús Mª Aragón Samanes.   

Secretario General Federal del Partido Carlista de las Españas.

     

 

 

 

 

 

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XIII Congreso Federal

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El Federal Nº 43

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Lo que estamos pasando

Tribuna Abierta

Purgatorio

por manuel torres – Jueves, 20 de Septiembre de 2012 – Actualizado a las 05:08h

COMO señala Robert Coover en Noir, su última novela: “La vida, en resumidas cuentas, no es más que soledad, enfermedades, corrupción, crueldad, paranoia, traición, crimen, cinismo, miedo e impotencia, aunque luego está el lado malo de las cosas”. Puede que suene un pelín luctuoso, pero no he encontrado mejor panegírico para definir el actual estado de mi país.

Hace tiempo que no creemos en los políticos. Tampoco creemos en las instituciones ni en esta democracia. Ya no creemos en nada, ni tan siquiera en nosotros mismos. Nos encontramos en el peor de los escenarios posibles, porque no tenemos en quién confiar. Y lo peor, tampoco tenemos a nadie que confíe en nosotros. De la noche a la mañana nos hemos convertido en un país de parias avocado a la desesperanza, sino al mayor de los nihilismos.

Como en 1984, el oscuro relato de Orwell, ahora se nos impone una neolengua, con palabras tan excelsas como ejemplaridad, transparencia, dignidad, esfuerzo, democracia, al tiempo que, mediante una dialéctica servil e ininteligible, se enmascaran las condiciones adecuadas que conducen al atraco perfecto, ese que diariamente acometen los mercados, el FMI, el BCE, la OMC, las agencias de rating…, entes incorpóreos que, después de haber provocado la crisis, anuncian ahora que van a dictar la hoja de ruta para sacarnos de ella.

Por eso, la jefatura de este país, sumido en la carestía y hundido en la pragmática del recorte, engañado por una jerga mediática, obscena y escandalosa, no sabe cómo disimular la realidad de unos hechos incontestables: la producción masiva y creciente de parados, desahuciados, marginados, arruinados o indigentes, víctimas de la orgía babilónica que el entramado bancario y financiero se ha corrido a nuestra costa. Y todo, mientras las grandes formaciones políticas se enzarzan en la liturgia del cruce de acusaciones, entre un gobierno que se cae a pedazos y una oposición desaparecida, si es que alguna vez estuvo ahí.

Cada vez se hace más palmario que, desde su desgobierno, el señor Rajoy no sabe lo que dice y no dice lo que sabe. La terquedad con la que impone sus nefastas estrategias, decretadas por la batuta de las instituciones europeas, pone al descubierto una sorprendente indiferencia ante los severos costes humanos que conlleva su improvisada y volátil ejecutoria. Por lo visto, a los gestores de tres al cuarto que tenemos, todavía les cuesta ver que la política de austeridad que preconizan para combatir la crisis no produce más que efectos devastadores, provocando a su paso brutales destrozos sobre los que ya dejó la anterior burbuja inmobiliaria.

Me pregunto si todavía hay alguien -igual me da si es de derechas o de izquierdas, si es que todavía funciona el viejo dualismo jacobino- que no haya percibido que esta desaforada política de subida del IVA, de recortes compulsivos, de caída de salarios, en definitiva, de retracción del gasto y, por consiguiente, del hundimiento de la recaudación impositiva, no sirve para nada, que dos recesiones económicas en tres años y la existencia de una depresión rampante, es algo que nos arroja sin remedio a la más profunda de las simas, al tiempo que la ciudadanía ve estupefacta cómo la crisis no termina nunca, mientras el dinero que procede del rescate va destinado íntegramente a los saqueadores que la provocaron: los bancos.

Muy acorde con la dialéctica del pánico que nos asfixia, esta suerte de democracia low cost, donde los que elegimos en las urnas no gobiernan, y los que gobiernan puede que nunca hayan pisado este país, nos lleva a un abaratamiento de sus valores y a la liquidación de sus contenidos para que -tras padecer la rémora de populistas y populares, donde todo se debe a la aritmética económica y lo demás es accesorio-, sus recortes, o mejor dicho sus mutilaciones, no tengan otra consecuencia que desmantelar el Estado del bienestar.

Con la cháchara de unos servicios públicos que ahora resultan no financiables; con un modelo de desarrollo económico tramposo construido sobre la nada, que creaba la falsa ilusión de la prosperidad; con una Europa que se suponía que contribuiría a potenciar nuestra soberanía en vez de subvertirla; con una cultura del entretenimiento frívolo, poblada de personajes banales convertidos en héroes de masas, donde el deseo ferviente de buena parte de la juventud radica en participar en Gran Hermano, este país está cortejado por el más negro de los presagios.

Ahora se abre un nuevo ciclo, es el tiempo de los chamanes, de los profetas y los justicieros. En vista de la ineptitud de una casta política desprestigiada y consumida por su propia incompetencia, es el turno de Mario Conde, de Democracia Española, de Sánchez Gordillo, de los nuevos iconos que van a redimir a este país de las garras de la injusticia y la iniquidad. Y que nadie se lleve las manos a la cabeza. Si ahora mismo se presentara Belén Estaban o Bob Esponja, seguro que colocaban a un puñado de eurodiputados en Bruselas.

Me pregunto si en vez de optar por la charlotada de asaltar un supermercado o paralizar el Congreso de los Diputados, no sería mejor hacer lo que en su día aplicaron Suecia o Islandia: la nada desdeñable misión de obligar a sus bancos a pagar la deuda. En estos dos países, la juerga que se corrió su banca no la costearon los ciudadanos, sino su Santísima Trinidad: la propiedad, la gerencia y los acreedores. Ellos fueron los responsables, y ellos tuvieron que hacer frente a la factura. Así lo dictaminaron sus correspondientes Tribunales de Justicia.

Quien crea que Europa va a venir a salvar a España de la crisis, que se olvide. Durante años nos hemos envanecido con la idea de que éramos un país innovador, dinámico y rico. Pero lo cierto es que nuestra economía se asienta en sectores de baja productividad, carecemos de fuentes energéticas y de recursos naturales, y esto sucede en un mundo extraordinariamente competitivo y móvil, con una ingente mano de obra barata cada vez más cualificada, capaz de producir una dislocación global económica sin precedentes.España no tiene mimbres para competir en ese entorno voraz y despiadado, nosotros vivimos todavía anclados a las estructuras del pasado siglo. Nos hemos pasado veinte años recibiendo a espuertas el dinero de Europa (catorce mil millones de euros) con el fin de crear un tejido productivo con proyección de futuro. Pero nuestros responsables, en vez de priorizar el interés del país, pensaron en su propio provecho electoral, construyendo insensatas obras faraónicas, engordando el bolsillo de financieros y constructores. Y ahora, cuando Europa ha cerrado el grifo de los fondos estructurales, es cuando se nos queda la cara como el Ecce homo de Borja.

Vivimos en un estado de crisis profunda, pero quizá convenga hacerse a la idea de que a partir de aquí, este epígrafe puede convertirse en algo inseparable de nuestra condición humana.

 

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Contra las medidas del Gobierno del PP

 

Que hablen los ciudadanos

por manuel gómez, Secretario de Organización y Comunicación de la UGT de Navarra – Jueves, 13 de Septiembre de 2012 – Actualizado a las 05:07h

EN política, los ciudadanos estamos más que acostumbrados a medir la distancia que existe entre lo que se promete en campaña y lo que se hace una vez en el poder. Ningún Gobierno cumple exactamente su programa -algunos, incluso, lo incumplen amplia y descaradamente-, entre otras cosas, porque los deseos y anhelos que expresa el programa electoral deben pasar luego por el tamiz de los imperativos de la realidad. Los políticos salvan esta distancia apelando al pragmatismo, un término recurrente, que suele consistir en realizar el consiguiente ejercicio de ajuste entre lo que se quiere y lo que se puede hacer. De ahí el escepticismo con el que los votantes acogen las promesas electorales.

Pero una cosa es incumplir en mayor o menor medida los compromisos electorales alegando fuerza mayor y otra muy distinta hacer exactamente lo contrario de lo que se prometió en campaña -el último debate electoral representa el testimonio más elocuente- y se reiteró en el discurso de investidura. Eso es simplemente mentir y eso es lo que el Gobierno del PP ha convertido en seña de identidad: hacer de la mentira una forma, la única en su caso, de ejercer la política.

Primero, fue la mentira preventiva o preelectoral, aquella de “no subiremos los impuestos y no abarataremos el despido”. No sólo se negó con fines electorales lo que se pensaba hacer nada más ganar las elecciones, sino que, en un ejercicio de perversión política sin precedentes, se argumentó con auténticas perlas: “Subir impuestos es de izquierdas y significa más paro y más recesión”; “no pretendo abaratar el despido, sino promover que el contrato indefinido sea la regla general” -afirmó Rajoy-. A renglón seguido se subió el IRPF y se impuso una reforma laboral que acaba con el Derecho del Trabajo, establece prácticamente el despido universal y gratuito, y consagra la precariedad a través del contrato para emprendedores.

Después, la mentira pura y dura: “Yo le voy a meter la tijera a todo salvo a las pensiones públicas, la sanidad y la educación”, aseguró Rajoy. Pues bien, a los pensionistas se les castiga con más impuestos y el repago farmacéutico (“no soy partidario del copago en la sanidad”, dijo también el presidente), y a la sanidad y educación públicas los brutales recortes las están dejando irreconocibles.

Siguiendo con los impuestos, Rajoy afirmó que “la amnistía fiscal es impresentable, antisocial e injusta”, amnistía que se ha apresurado a decretar para los defraudadores, y que “la subida del IVA es contraproducente, injusta y un sablazo de mal gobernante”. No hay mejores palabras para calificar la actuación del Gobierno en esta materia.

Pero ya nos anunció también Rajoy: “No voy a renunciar a la soberanía del pueblo español y a que las grandes decisiones económicas las tome el Parlamento nacional”. Donde dice soberanía entiéndase imposición y sustitúyase Parlamento nacional por FMI, Eurogrupo y Banco Central Europeo y la frase cuadra a la perfección.

Ganar las elecciones con mentiras y gobernar a golpe de embuste es un fraude democrático en toda regla. Un fraude que no atenta contra la legalidad vigente, pero que erosiona profundamente la legitimidad del Gobierno que así se comporta y, sobre todo, y esto es lo más grave, que socava los cimientos de la democracia, desprestigiando no ya a uno de sus poderes, el Ejecutivo en este caso, que se puede cambiar con unas nuevas elecciones, sino al propio sistema, que, al menos por ahora, no tiene mejor alternativa.

Y eso es lo que está haciendo el Gobierno cuando da la vuelta a sus promesas electorales como si fueran un calcetín, trata de ocultar buena parte de sus decisiones, miente constantemente a la opinión pública y hurta a los ciudadanos la capacidad de decidir sobre medidas que están desmantelando nuestro modelo constitucional de Estado social, adoptándolas, además, de forma unilateral, sin consenso alguno y amparándose en una mayoría absoluta lograda mediante el engaño masivo.

Por eso, docenas de organizaciones sindicales, sociales, sectoriales y profesionales hemos constituido la cumbre social en Navarra y en el conjunto de España, para exigir al Gobierno que someta sus decisiones al veredicto del pueblo, que es el verdadero sujeto de la soberanía. Y por eso nos vamos a concentrar masivamente en Madrid el próximo 15 de septiembre. Porque creemos que ha llegado el momento de decir basta, de impedir que este Gobierno se salte todas las líneas rojas del modelo de convivencia del que nos dotamos al salir de la dictadura franquista.

Se trata de defender la democracia, los derechos sociales y laborales, y los servicios públicos. Se trata de salvaguardar la educación y la sanidad públicas, la dignidad laboral y el bienestar social.

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Por la transparencia

 

 

Rompiendo plumas por Assange 

Ramón Doria Bajo, Notario – Miércoles, 29 de Agosto de 2012 – Actualizado a las 05:07h

ASOMBRÉMONOS, todavía, como Julián Assange, quedan buscadores del übermenschen (Nuevo y superior hombre – Nietzsche en Zaratustra), todavía quedan héroes! ¡Lástima que los que estamos clasificados, según Maquiavelo, en la segunda categoría de inteligencia, los que aún no entendiendo las cosas por nosotros mismos, sin embargo, sí somos capaces de entenderlas cuando nos las explican; nosotros, los denominados la Élite Técnica, los que tras la mesa de nuestro despacho hacemos girar diariamente la explotadora rueda que rige los destinos de la actual raza humana; nosotros los que ante la persecución que está sufriendo Assange miramos despistadamente para otro lado como si la cosa no fuera de nuestra incumbencia; nosotros que cuando a Assange le sobrevenga un suicidio repentino o una enfermedad letal y fulminante, timoratamente y por lo bajini, exclamaremos compungidos: era un valiente, ojalá hubiera podido publicar todo lo que sabía; nosotros, sí, los bienvivientes, los eficaces, los tapados, los cobardes ¡Lástima de elite!

Si en vez de un solo Assange entre los 7.000 millones de habitantes, hubiera mil caballeros Assanges que se enfrentaran a “los trescientos o cuatrocientos canallas que fomentan las guerras… para robar” (Voltaire en Diccionario Filosófico) estos volverían a pensarse sus acciones. Como ocurrió tras la Revolución Rusa de 1917, cuando Los Canallas aflojaron las cadenas y dejaron florecer la Europa del bienestar. Pero no, ahora no son tiempos de revoluciones. Ahora Los Canallas saben que pueden ganar el tiempo perdido; saben que el ejército enemigo, el 99% de la población está todavía embotado, embriagado, alucinado por los últimos vapores de aquella sociedad del bienestar; saben que al igual que los degenerados caballeros malteses dejaron abrevar al Gran Turco y ello les perdió, también las engordadas clases medias europeas han perdido su capacidad de lucha y ello les perderá, y saben también Los Canallas que: Europa como Assange son ambos un mal ejemplo para el conjunto de la humanidad. ¡Qué tontería es esa de los derechos laborales! ¡Qué ocurrencia más descabellada es que los pobres puedan acceder a la educación! A los productores hay que tratarlos como a los mulos: curarles las heridas cuando todavía tienen capacidad de trabajar y, cuando dejan de ser mínimamente productivos, llevarlos al matadero para hacer chorizos. ¡Faltaría más!, se dicen ufanamente en sus secretas reuniones los cuatrocientos que mangonean el mundo.

Mundo que, aunque sea solo por fuera, algo ha cambiado. Pensemos: hace 200 años USA era colonia de Inglaterra y ahora es al revés. Sin embargo, si ampliamos la mirada vemos cómo hace 500 años los judíos dominaban Toledo y hace ya 300 que los mercaderes empezaron a dominar a los legisladores británicos u holandeses. Y si la volvemos a ampliar veremos cómo, aunque hayan cambiado los apellidos y unas veces se les llame sumerios, otras hititas, otras macedonios, otras judíos, otras españoles, otras ingleses y luego el amigo americano, siempre son los mismos trescientos o cuatrocientos canallas que hacen las guerras y nos roban nuestro pan. ¡Qué pena que falten tantos años todavía para que la humanidad tome conciencia de sí misma y cambie de verdad!

¡Va por el Quijote Assange, azote de gigantescos molinos y desenmascarador de las triquiñuelas de los molineros!

 

 

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Por un proceso constituyente

Por el proceso constituyente

Jueves, 16 de Agosto de 2012 – Actualizado a las 05:08h

En  este país desde 1978 han subsistido dos demandas irredentas de ruptura constituyente: la que trabaja por la República y la que exige el derecho de autodeterminación. El 15-M nació al margen de esas dos demandas. Es cierto que su grito de guerra, el “no nos representan”, atrae simpatías de todo tipo, entre ellas las de estas dos anhelos históricos, el de República y el de la autodeterminación. Pero en su origen el 15-M apuntaba a otro sitio: fue una denuncia contra ese complejo inseparable -van en el mismo lote- de corrupción, bipartidismo altergobernante y sometimiento de las instituciones representativas a los mercados y las finanzas. Hace un año no se cuestionaba la Constitución y las instituciones derivadas de ella, pero sí se exigían reformas de calado en la transparencia política, en la representatividad y en la participación popular. Nada cambia tanto la subjetividad de las personas como verse envueltas en el torbellino de las acciones colectivas, intentando ser protagonista de una realidad cambiante y acelerada. El 15-M ha participado, protagonizado y también sufrido derrotas, las mismas que comparte con toda la ciudadanía.

En septiembre de 2011 nos reformaron la Constitución. Por su contenido (“el pago de los intereses de la deuda pública tendrá prioridad absoluta para todas las administraciones”) y por las formas antidemocráticas, esta reforma constitucional marca el punto en el que el movimiento 15-M se enajena por completo de la Constitución: no nos representan, pero la Constitución de 1978-2011 tampoco. Si alguien duda de hasta qué punto es clave ese artículo reformado en todo lo que está pasando, hay que recordarle solamente que el impago reciente de la Generalitat catalana a la sanidad concertada se produjo porque en esas mismas fechas les vencía el pago de las deudas a los bancos. Los bancos alemanes, acreedores de los bancos españoles, se están financiando mediante el mecanismo de que el BCE preste a la banca española al 1% dinero que se invierte en deuda pública al 6% y al 7%. La Reforma Constitucional de 2011 ha devenido en una hipoteca constitucional sobre los bienes comunes, los bienes públicos, lo que es de todos.

Las elecciones de noviembre de 2011 arrojaron una abrumadora mayoría a favor de uno de los dos partidos altergobernantes. Mayoría obtenida no por méritos propios, sino por desafección de la ciudadanía hacia el otro. Transcurridos unos meses, hoy tenemos una mayoría absoluta absolutamente contestada por la sociedad. Nunca ha estado más vigente el “no nos representan”. No nos representan ni los de ayer ni los de hoy, ni los de ahora ni los que están previstos para dentro de cuatro años. Porque previsto está, como hay Dios-Constitución, quien sucederá a los que ahora gobiernan. En este periodo la monarquía también ha estado a la altura de la coyuntura histórica, y con su comportamiento personal ha consumado el descrédito institucional. Lo mismo podemos decir, anecdóticamente, del poder judicial.

No hay salida a la crisis económica que no pase por romper el marco institucional. No hay Hollande, salvo para el que quiera volver a engañarse en unas nuevas elecciones bipartidistas. No hay crecimiento, ni keynesianismo, ni Krugmann, ni Stiglitz, ni socialdemocracia. Es indudable, y en eso estamos de acuerdo con esas doctrinas económicas, que la prosperidad económica (dejemos de hablar de crecimiento, por favor) no será posible sin alimentar la demanda. Pero la única demanda susceptible de ser alimentada es la que se derive de una redistribución de la riqueza hacia las clases populares, hoy expoliadas. La única salida técnica a la crisis es, también, la única salida justa: rescatar a los ciudadanos y no a la banca. Y para eso, el marco institucional se levanta como la barrera definitiva. Hay que romper el marco, el régimen.

Puede asustar a muchos la radicalidad de esta conclusión. Pero cuando la realidad que vivimos deviene en imposible, es cuando las propuestas más utópicas se convierten en necesarias. Hoy es imprescindible un proceso constituyente que empodere a la ciudadanía, que revierta el despojo. Porque no hay salida. No hay otra salida.

¿De qué naturaleza ha de ser ese proceso constituyente? De entrada, no es ni puede ser el 15-M -ni nadie- el único actor de ese proceso. Nuestros propios defectos -ser difusos, carecer de estructuras organizativas jerárquicas- son una garantía de autenticidad, pero no pueden ser la forma que tome el proceso constituyente. Tendrá que organizarse un movimiento con la participación de todos.

En Navarra, como en otras partes del Estado, se plantea con especial intensidad si ese proceso constituyente puede conectar o no con la reivindicación clásica del derecho de autodeterminación demandada por un importante sector de la ciudadanía. Un proceso constituyente abre la posibilidad al reconocimiento de ese derecho, pero no prejuzga el resultado, imprevisible, así como el marco territorial -España, Europa o Euskalherria- en el cual triunfe finalmente. Pero que nadie dude de que el éxito de ese proceso no vendrá sin la suma de todos y esta suma, hoy por hoy, no tiene otro denominador común que el rescate de las personas por delante de los mercados y las finanzas. Porque la dignidad es la patria común de todos.

Mauro Arboletto, Iñaki Arzoz, y Felipe Martín-

 

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¿Demasiados políticos?

 

Reducir parlamentarios. Quid prodest?

por miguel izu – Viernes, 27 de Julio de 2012 – Actualizado a las 05:06h

A río revuelto, ganancia de pescadores. Andan nuestras aguas políticas y económicas tan revueltas que abundan los pescadores deseosos de aprovechar la ocasión. Quienes ya en tiempos de aparente bonanza proponían reducir el Estado de bienestar, o simplemente el Estado, cortar gasto público, desregular el mercado de trabajo, los mercados financieros o cualesquiera otros mercados explotan la oportunidad para adoptar esas medidas aunque no estén en las causas de la crisis. Todo responde al mismo interés de limitar y reducir el poder político (que en una democracia corresponde a todos los ciudadanos) para dar rienda suelta al poder económico (detentado por unos pocos). Parte de la campaña pasa por desprestigiar a los políticos en general y a los miembros de los parlamentos en particular. Cierto, los propios políticos, no todos pero muchos, demasiados, han contribuido a su desprestigio y a la creciente indignación en su contra. Los ejemplos de políticos corruptos, sinvergüenzas, caraduras, mentirosos y bellacos son tan abundantes y están tan presentes a diario en las páginas de la prensa que da la impresión de que esa es la norma, los casos de pésima gestión, despilfarro, abuso y hasta malversación o desfalco por su parte son tan frecuentes y notorios como sonrojantes. El problema viene cuando la legítima indignación popular se manipula con argumentos demagógicos para hacer creer que la cuestión no es exigir responsabilidades (incluidas, en su caso, las penales) ni sustituir a los malos políticos por mejores representantes de la ciudadanía, sino simplemente prescindir de todos ellos o, cuando menos, reducir su número. Que no se traduce en reducir los políticos profesionales que viven saltando de un cargo a otro, por ejemplo con una deseable desburocratización de los partidos para permitir el acceso de ciudadanos que no quieran dejar algo tan importante como la política en manos de sus profesionales, sino en reducir los cargos políticos. La reducción de cargos representativos (otra cosa son los cargos ejecutivos, los asesores y otras mamandurrias) dificultaría aún más ese acceso de la ciudadanía a los resortes del poder. Resulta así la paradoja de que en la misma reivindicación de reducir cargos coinciden indignados ciudadanos de a pie con interesados políticos gobernantes, organizaciones ligadas a la oligarquía financiera con sindicatos de clase, la derecha más conservadora con sectores progresistas y hasta revolucionarios.

Cuidado. No arrojemos con el agua sucia de la palangana al niño que estábamos bañando. Quizás a los que jalean el deshacerse del agua sucia en realidad lo que les sobra es el niño. Preguntémonos a quién beneficia todo esto, a qué intereses responde esta ansia por promover la falsa idea de que tenemos demasiados representantes y de que conviene reducirlos. Digo falsa idea porque, en contra de la opinión interesadamente extendida, ni en España ni en Navarra existe un intolerable exceso de parlamentarios comparando con otros países o comunidades. En algunos de esos mensajes que recorren Internet para sostener lo contrario se alude al caso de Noruega, Suecia o Dinamarca que no tienen Senado. Y no lo tienen, pero no se dice que sus parlamentos unicamerales tienen un diputado por cada 27.000, 30.000 y 31.000 habitantes, respectivamente, cuando en España sumando diputados y senadores solo hay un representante por cada 77.000 habitantes. Tanto Congreso como Senado son cámaras comparativamente reducidas; frente a los 350 diputados de España en las cámaras bajas de Alemania, Italia, Francia o Reino Unido hay, respectivamente, 622, 630, 577 y 646 miembros; en la de Polonia, con una población algo menor, 460 diputados .                                                                                                                                                                                                                                                 Cierto que, además, están los 1.218 parlamentarios autonómicos pero no es un número tan exagerado como se dice. Comparando Alemania con España, cada uno de los 1.890 miembros de un Landtag representa a 43.000 habitantes, cada parlamentario autonómico a 38.000 habitantes. Cierto que en la tabla de parlamentarios por población Navarra figura en cabeza, lo que no se dice es que junto a las demás comunidades de menor población (La Rioja, Cantabria, Baleares, Extremadura) y ello no es casual. Sucedería lo mismo comparando orquestas sinfónicas, saldrían más músicos por habitante porque necesariamente hay un número mínimo para que la cosa funcione; no tiene sentido suponer que la orquesta de una comunidad con la mitad de población que otra tiene que tener la mitad de clarinetes o de trombones. Aunque los ciudadanos de a pie tiendan a creer que un parlamento está constituido solo por el Pleno y que solo trabajan los portavoces una vez a la semana, lo único que ven en la televisión, su organización y funcionamiento son mucho más complejos. Existe una Mesa que dirige la gestión (entre cinco y siete miembros), una Junta de Portavoces (tantos como grupos), una serie de comisiones (13 en Navarra) donde deben estar presentes todos los grupos proporcionalmente. A menos miembros de cada parlamento, menos miembros en cada grupo parlamentario y más órganos a los que debe pertenecer cada parlamentario, multiplicando su trabajo. La cuestión es especialmente peliaguda para los grupos minoritarios cuyos pocos miembros apenas dan abasto a todas las reuniones, a leer toda la documentación, a preparar las intervenciones para no decir demasiadas tonterías, a estar disponible para recibir a ciudadanos y colectivos, a tratar con los medios de comunicación, a visitar instituciones y poblaciones por toda la comunidad, etcétera. Cierto, quizás sobren parlamentarios en los grupos mayores, sobre todo en los que sostienen al gobierno de turno ya que se limitan a aplaudir, pero por experiencia propia sé que en los grupos pequeños faltan manos y horas al día. Por otro lado, la reducción de miembros puede suponer, dada la distorsión que genera el sistema electoral habitual en España, una reducción en la proporcionalidad que beneficiaría, gracias a la regla d’Hondt, al grupo mayoritario y perjudicaría a los grupos minoritarios y que distorsionaría todavía más el pluralismo y la plasmación de la voluntad popular.

Contrariamente a lo que se dice, en una democracia el control al Gobierno no se hace por el Parlamento ya que el partido que gobierna suele tener mayoría y esa mayoría se limita a ovacionar y a hacer oposición a la oposición. El control se hace por la oposición en el Parlamento. En otros tiempos ese control se evitaba por el monarca absoluto o por los primeros gobiernos constitucionales espaciando la convocatoria de Cortes o limitando los períodos de funcionamiento; hoy que esto no es constitucionalmente posible, para ahogar el control, para ahogar a la oposición parlamentaria, una buena técnica es reducir parlamentarios. Menos parlamentarios, menos capacidad de trabajo de la oposición, menos oposición, menos control. Que gobernantes como Yolanda Barcina o Esperanza Aguirre propongan la reducción de parlamentarios autonómicos (o su supresión, como ha llegado a sugerir la segunda) no es casualidad.

La supuesta ventaja, el ahorro económico, se puede obtener fácil y en mayor cuantía de otro modo. Si el Parlamento de Navarra, en lugar de ofrecer una retribución fija a todos sus miembros la ofrece solo, por ejemplo, a tres o cuatro como máximo por grupo parlamentario (entre 18 y 24 parlamentarios, ya que hay 6 grupos) el ahorro sería mayor que con una reducción de 50 a 40 parlamentarios, la que se puede hacer dentro de los límites del Amejoramiento. El trabajo parlamentario padecería poco porque, en la práctica, esos son los que asumen casi todo el trabajo. Tampoco afectaría a la representatividad. Pero a lo mejor eso es justamente lo que no se quiere.

 

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Calendario del Congreso

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Solidaridad del Partido Carlista con los mineros

SOLIDARIDAD DEL PARTIDO CARLISTA CON LA LUCHA DE LOS MINEROS.

 

El Partido Carlista quiere manifestar publicamente su apoyo y 

solidaridad al sector de la minería y a sus familias, en estos duros 

momentos en que están en juego no solo miles de puestos de  trabajo, 

sino la supervivencia de una cultura y una forma de vida, basada en la 

unión, el esfuerzo, el trabajo y el compañerismo.

Pedimos al gobierno del PP, que igual que está luchando por conseguir 

dinero para salvar de la quiebra a varias entidades bancarias, ponga 

el mismo interes en obtenerlo para garantizar un futuro duradero a la 

minería del carbón.

Llamamos a participar y apoyar la manifestación que tendrá lugar el 

próximo día 11 de julio en Madrid, coincidiendo con la llegada a la 

capital del estado de diversas marchas mineras, procedentes de 

Asturias,Aragón y Castilla y León.

 

 

Consejo Federal de Dirección del Partido Carlista de las Españas.

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