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El Federal

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Montejurra 76

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Conferencia de Javier Cubero. Montejurra 76

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Ricardo, Aniano vuestra sangre es semilla de libertad

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Castilla carlista

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40 años de los asesinatos de Montejurra

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Nueva web de nuestros compañeros catalanes

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8 de Mayo Montejurra. 1976-2016 40 años de los asesinatos. 40 años de impunidad

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Historia

[Prensa] La represión de boina roja

Artículo de Manuel Martorell publicado en Diariode Navarra 07/02/2017

Puedes leerlo en este enlace de nuestra web.


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[Prensa] Carlismo y Franquismo, por Manuel Martorell

 También puedes leer el artículo de Manuel Martorell publicado en Diario de Navarra el 05/01/2017 en este enlace de nuestra web.
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También fuimos los primeros

Ante los asesinatos perpetrados en la ciudad estadounidense de Orlando, publicamos el siguiente artículo en el que se recuerda la lucha histórica del Partido Carlista y sus militantes en favor de la comunidad gay.
Cuando en 1975 murió Franco la gente de este país estaba como aterida, sus músculos relejaban la contención de la falta de libertad, sus labios aún no se atrevían a conectarse con el cerebro para decir la verdad, gritar y reír despreocupadamente; la inmensa mayoría seguía moviéndose meses después como en el día que se anunció el fin del dictador, con la mecánica del asustado siervo.
Sólo unos pocos continuábamos nuestra lucha, en la clandestinidad oficial, y así estuvimos hasta al menos un año o -nosotros los carlistas- hasta 1977 cuando algunos a los que ahora santifican y enaltecen los lacayos del “siempre bien situados”, cometieron la villanía, con la tradicional bajeza de los miserables, de no legalizarnos, mientras atentaban a los asesinos del Montejurra 76, o se ametrallaba a los obreros de Vitoria.
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La Batalla de Somorrostro (del 12 al 28 de mayo)

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Escenarios de la batalla de Somorrostro

El valle de Somorrostro esta cerrado por una serie de cordilleras formando una herradura que termina en el Cantábrico. Destacan sus cumbres el monte Janeo, el alto de Galdames y el disputado Montaño. A continuación muestro algunas imágenes antiguas y modernas donde se desarrollaron las batallas.

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Los Fueros, nuestras libertades

Publicado en Diario de Noticias. 14/03/2011

Se acostumbra a utilizar el término Fuero para designar las cartas de fundación de ciudades y villas, o para referirse al estatuto jurídico de los congresistas. Las cartas pueblas, como todos sabemos, tenían como objetivo incentivar la residencia en lugares determinados, fronterizos, despoblados, etcétera, y en ellas se solían recoger exenciones al Fuero común que, lejos de representar ningun privilegio, intentaban compensar proporcionadamente los esfuerzos o sacrificios exigidos a esos pobladores; y en el caso de los congresistas aforados, ese Fuero se refiere a los derechos adicionales que se otorgan a esos actores políticos para que, sin temor a quienes detentan el poder en cada momento, puedan afrontar los peligros a los que normalmente se enfrentan para ejercer la representación popular. En ningún caso se trata de un privilegio sino de un acuerdo o compensación.

Los Fueros en los territorios forales no sólo significan normas de carácter local sino también y especialmente las leyes de tipo general que estas comunidades se dieron a sí mismas en momentos históricos en los que gozaban de plena soberanía estatal. Podría decirse por analogía, aun tratándose de conceptos esencialmente distintos, que los Fueros eran y son las Constituciones de los territorios forales y precisamente con ese nombre están recogidas e impresas algunas recopilaciones forales en Catalunya.

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El Estatut carlista de 1930: ¿hoy es ayer?

LA VANGUARDIA (02/01/2011)

Xavier Casals, historiador

Reivindicaciones clave del catalanismo actual ya fueron formuladas por los carlistas antes de la II República

El origen del ahora reivindicado concierto económico remite a las llamadas Bases de Manresa de 1892

Instaurar un concierto económico, hacer del catalán el único idioma oficial o establecer una confederación de los llamados Países Catalanes son reivindicaciones –o sueños– de sectores amplios del catalanismo. Pero apenas es sabido que quienes las pusieron con más rotundidad sobre papel en 1930 no fueron nacionalistas radicales, sino integrantes de un movimiento exaltador de la unidad de España: los carlistas.

Estos tenían entonces un siglo de vida, pues surgieron en 1833, al morir Fernando VII y sucederle en el trono su hija Isabel tras derogar la ley sálica que prohibía reinar a mujeres. Se inició así un pleito por la Corona entre el infante Carlos M.ª Isidro (“Carlos V”) –hermano del difunto rey– y sus partidarios que ha continuado durante generaciones y desató tres guerras civiles. Para comprender esta longevidad del carlismo debe tenerse en cuenta que no solo conformó una alternativa dinástica, sino también un movimiento antiliberal complejo y cambiante, de notable arraigo y cuyo antijacobinismo le hizo abanderar libertades locales y derechos forales, como plasmó su lema inicial Religión, Rey y Fueros.

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El Partido Carlista. Oposición al Estado franquista y evolución ideológica (1968-1975)

Joaquín Cubero Sánchez

El 20 de diciembre de 1968 Franco expulsó del país a don Carlos de Borbón Parma, días más tarde haría lo mismo con su padre D. Javier y dos de sus hermanas. Los titulares de la dinastía carlista fueron acusados de extranjeros que se habían entrometido en la política española. En 1 936 cuando don Javier de Borbón Parma ordenó a los requetés que se unieran al movimiento militar contra la República nadie lo consideró extranjero. La razón que dio el gobierno al ser interpelado en las Cortes por los cuatro procuradores carlistas fue que don Javier y don Carlos presidieron un acto político en el monasterio de Valvanera en el que «incurrieron en manifestaciones contrarias al orden público que rozaban facultades potestativas del Poder estatal».

El Carlismo respondió con responsabilidad a este acto dictatorial y denunció la provocación que suponía como una abierta incitación a una escalada de violencia, advirtiendo al gobierno que no confundiera la sensatez y la responsabilidad con la debilidad. Cerrada la vía legal que iniciara unos años antes el carlismo volvió a la ilegalidad. Pero en la oposición siempre estuvo, a pesar de los intentos fallidos de colaboracionismo por algunos de sus miembros que sucesivamente abandonarían el carlismo o serían expulsados del mismo.

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In memoriam Mikel Totorika Izagirre

Fallecido el 19 de enero de 1976

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Un libro desvela conspiraciones carlistas para derrocar a Franco en la posguerra

La investigación del historiador Manolo Martorell sobre la oposición carlista al régimen en los primeros años de la dictadura acaba de publicarse en forma de libro. «Retorno a la lealtad. Desafío carlista al franquismo» arroja luz sobre el grado de discrepancia entre los carlistas de Fal Conde y el dictador, que se puso de manifiesto en el enfrentamiento armado de Iruñea en 1945. El autor apuntala sus afirmaciones en documentos de los servicios de inteligencia.

GARA (Euskal Herria) 22/12/2010

Aritz INTXUSTA | IRUÑEA

Los historiadores del carlismo han centrado sus estudios en el papel del requeté en la guerra que desató el golpe de estado de 1936 y en los movimientos de disidencia carlista de la etapa final del franquismo. Poco se sabe sobre qué ocurrió dentro del tradicionalismo inmediatamente después de la guerra, más allá de la versión oficial elaborada por la maquinaria propagandística del régimen. El historiador y periodista Manuel Martorell acaba de publicar un libro en el que intenta rescatar cuál fue la actitud política de las bases carlistas en esa etapa oscura de la historia que va desde el final de la guerra hasta 1953, cuando EEUU y Reino Unido deciden respaldar al Estado español como bastión anticomunista.

«Se afirmó que el carlismo se unificó con Falange en FET y de las JONS y que formó parte del entramado ideológico y político del franquismo. Esta es la versión del NoDo», dice Martorell, quien en “El retorno a la lealtad. El desafío carlista al franquismo” intenta probar todo lo contrario. «La unificación no se produce porque no se puede producir. El fascismo y el tradicionalismo son sistemas opuestos. El fascismo quiere un estado fuerte, que lo controle todo, y el tradicionalismo un estado débil, porque lo que prima son las tradiciones y fueros de cada nacionalidad», asegura.

La comunión tradicionalista no se articulaba como un partido de corte clásico. A juicio de Martorell se trataba más bien de un movimiento con unas ideas fijas fuertes, principios muy sólidos, pero de los cuáles nacían una serie de interpretaciones muy diferentes. Dos de estas corrientes, la falcondista y los favorables a la unificación con Falange, se irán distanciando poco después del alzamiento.

Según la investigación de este historiador, la unificación con Falange en 1937 se hizo de espaldas a los líderes carlistas (Manuel Fal Conde y Javier de Borbón Parma) y sin consultar a las bases. De hecho, un mes antes, la asamblea de los carlistas había decidido en Portugal que rechazarían la propuesta.

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Joaquin Bardavío, el juanista exterminador

El escritor y periodista Joaquín Bardavío, en las páginas del diario El Mundo, en la sección Tribuna, con el antetítulo del Fin del Carlismo, escribe un artículo titulado Del integrismo al socialismo autogestionario.

El artículo comienza así: “El reciente fallecimiento de Don Carlos Hugo de Borbón Parma ha supuesto la desaparición del último pretendiente carlista que enarboló esa bandera absolutista e insurreccional que provocó tres guerras civiles y participó activamente en una cuarta, la de 1936-1939”. A lo largo del texto expresa su convicción de que “el carlismo queda definitivamente para la historia”.

Joaquín Bardavío, a lo largo de su trayectoria personal y profesional, ha puesto especial hincapié en ensalzar las figuras de don Juan y de su hijo Juan Carlos, también la del protector de éste, el almirante Carrero Blanco, o la de Adolfo Suárez. Auténticos panegíricos, siempre al servicio del poder.

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De banderas e imposiciones

DIARIO DE NOTICIAS (Navarra)

19/08/2010

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Cada vez que contemplo la obra de Sorolla Tipos del Concejo del Roncal me produce una sensación de doble asombro, una por la obra en sí, y otra por la presencia de auténticos magistrados del pueblo, los seis o siete navarros que aparecen, que con sus trajes negros y sus cuellos blancos, me hacen permanecer absorto en su admiración. Pero aún hay algo más: la soberana majestad del alcalde mayor y el abanderado que enarbola el pendón del concejo, un estandarte con la cruz de San Andrés a los cuatro ángulos sobre formas geométricas de diversos colores al modo de tantas otras de Euskal Herria.

Es la bandera, la verdadera y única bandera -una más de la de entre tantos concejos y valles vascos- de un pueblo que se manifiesta como entidad soberana, un símbolo único creado por él y venerado de generación en generación. Una enseña, entre otras muchas, con las que los euskaldunes todos se alzaron en 1833 en defensa de sus libertades en una guerra que ya casi nadie discute que fue una auténtica sublevación para preservar la soberanía vasca amenazada mediante la imposición del unitarismo constitucional español.

Las banderas de los varios pueblos peninsulares…, las banderas de las naciones que hasta 1714 mantuvieron una normal convivencia confederal, las banderas que movían a sus naturales a morir por su soberanía en peligro cierto de destrucción. Banderas, pendones, estandartes…, verdaderos lábaros que serían sañuda y conscientemente destruidos por los vencedores -como sucedió con las catalanas al concluir la guerra de Sucesión, mandadas quemar por el primer Borbón hasta el extremo de no conservarse ni una sola-, y ello al exclusivo objeto de aniquilar la conciencia popular colectiva de las comunidades que las tenían por su santo y seña identificador.

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Fragmento de la Declaración de Carlos Hugo de Borbón Parma del 24 de abril de 1976: La Unidad del Carlismo

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El Carlismo, por mucho que algunos se empeñen, siempre ha formado un solo cuerpo. En torno a los valores permanentes que se han ido expresando y plasmando según las épocas, los tiempos y las circunstancias se ha mantenido unido el Carlismo. Estos principios que son las esencias espirituales, la libertad de la persona, las libertades de los pueblos, nuestra Patria como federación de los pueblos que componen el Estado Español, los principios socialistas de igualdad y libertad en lo económico y en lo social, la unidad en torno a la dinastía como institución eje para garantizar nuestra continuidad, son los conceptos revolucionarios y democráticos que el Carlismo ha mantenido en el transcurso de toda su existencia y por los que tantos han dado su vida y sus bienes.

Ésta es la unidad del Carlismo. No puede haber otro Carlismo. Fuera de esta línea ideológica ya no se puede llamar carlista. Es el Pueblo quien en su dinámica política a través del pacto con la Dinastía ha determinado esta línea y la mantiene viva día a día. Los esfuerzos para mantener esta unidad en la lucha por la libertad y la democracia representan el plebiscito cotidiano que hace el Carlismo de su propia ideología. Esta es la unidad del Carlismo, por mucho que intente la clase dominante presentarlo dividido con torpes maniobras.

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Comuniones Tradicionalistas e integrismo seudocarlista

Me veo en la necesidad de escribir un articulo clarificador ante la gran confusión existente sobre el Carlismo actual, pues existen dos grupos que discuten al PC su carácter de continuador del movimiento carlista, son el partido CTC (Comunión Tradicionalista Carlista) y el grupúsculo adicto a Sixto de Borbón que usurpa el nombre de “Comunión Tradicionalista”.

Sin meternos en debates ideológicos veamos de donde procedemos nosotros y de donde vienen estos “tradicionalistas”.

Desde el siglo XIX el Carlismo siempre contó con una estructura organizativa permanente a pesar de mil y un persecuciones y de la ilegalidad sufrida durante los periodos dictatoriales. Esta organización fue cambiando de nombre a lo largo de la Historia; primero fue Partido Carlista; después de 1909, cuando D. Jaime III sucede a su padre D. Carlos VII al frente del Carlismo, paso a denominarse Partido Jaimista; y cuando en 1932, muerto ya D. Jaime III, las derechas integrista y praderista (mal llamada mellista) se integran en el Carlismo, paso a denominarse Comunión Tradicionalista (CT). Esta organización (salvo un grupo de caciques traidores que en la década de 1950 acabarían reconociendo a Don Juan de Borbón como Rey) rechazo frontalmente en 1937 el Decreto de Unificación del general Franco, y desde ese mismo momento paso a la ilegalidad (perdiendo todas sus propiedades que fueron expropiadas por el partido único franquista), siendo duramente perseguido por la dictadura franquista. Esta organización (que entre 1936 y 1975 estuvo lidera por Don Javier de Borbón Parma) durante las décadas siguientes mantuvo en la clandestinidad sus estructuras y tras una renovación ideológica que duro toda la década de 1960, en el Congreso de 1971 cambio su nombre oficial, abandonando “Comunión Tradicionalista” y volviendo al original de “Partido Carlista”. Y esta organización es el actual Partido Carlista, continuador directo del Partido Carlista del siglo XIX.

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Apuntes biográficos de don Carlos Hugo de Borbón Parma

Don Carlos Hugo de Borbón Parma nació en Paris el 8 de Abril de 1930, siendo el segundo hijo, de un total de seis, fruto del matrimonio contraído el 12 de Noviembre de 1927 entre don Javier de Borbón Parma y Braganza, descendiente directo de Felipe V, Infante de España y Duque de Parma, titular legítimo de los derechos al trono de Las Españas, y de doña Magdalena de Borbón Busset. La infancia de don Carlos Hugo en Francia coincide con los últimos y turbulentos años de la III República Francesa y con la ocupación alemana, durante la II Guerra Mundial, contra la cuál lucharía su padre desde la Resistencia antifascista hasta su apresamiento por los nazis y posterior internamiento en el campo de concentración de Dachau.

Al finalizar la II Guerra Mundial, don Carlos Hugo cursó en Canadá estudios de Derecho, que completó tras su regreso al continente europeo, donde se doctoró por la universidad de la Sorbona (Francia) y en Ciencias Económicas por Oxford (Reino Unido), siendo el primer príncipe español en adquirir una formación completamente universitaria en la que predominarían los conocimientos filosóficos y humanistas sobre los puramente militares lo que posteriormente le sirve para iniciarse en el mundo laboral trabajando en el Deutsche Bank donde se le permite conocer de primera mano la política económica que llevaría al llamado “Milagro Alemán”.

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