Carta al Cielo

MANUEL REGO NIETO

LA REGIÓN (Galicia) 24/08/2010

Señor: 1959. Mayo. Montejurra. Franco había dado orden de que V.A. no pisara territorio español. De que no estuviera presente en el Monte Santo de Tradición. Había declarado en estado de sitio el país Vasco por los atentados de ETA.

Las carreteras generales que conducen al Viejo Reino de Navarra estaban cortadas por la Guardia Civil. Pero cientos de carlistas de toda España burlaban los controles por carreteras secundarias. Los ourensanos habíamos llegado a Estella, que fuera Corte carlina, habíamos llegado por ferrocarril sin hacer ostentación alguna ni ponernos la boina bermeja. Era la víspera del Montejurra, el segundo al que acudiría V.A., luego de haberlo hecho en 1957 y haberse presentado al pueblo carlista que lo había aclamado como hijo del ‘viejo rey’ don Javier.

En el Círculo carlista, en la Plaza de los Fueros, de la vieja ciudad navarra, la noche anterior nos reclutaron a seis ourensanos y a otro gallego carlino de Ames (A Coruña). Teníamos que estar a las ocho de la mañana frente al monasterio de Irache, desde donde partiría el Vía Crucis de los carlinos hasta la cima del Monte Santo. Modesto Ojea, Adolfo Rego, Maximino González Carnero, José Rego, Faustino Fernández, y quien esto escribe. Allí, un coronel carlista que cubría su pecho de condecoraciones conseguidas en la guerra de 1936/1939 se puso a nuestro mando.

Fuimos bordeando el Monte Santo hasta encontrarnos con V.A. y dos carlistas que os habían acompañado desde Francia, camuflados. Subimos al monte que jalonan las Cruces, donde están inscritos los nombres de los Tercios de Requetés que lucharon en la que se llamó Cruzada. Hacíamos un cordón para protejeros del fervor de los carlistas que os vitoreaban: ¡Viva Don Carlos! Y así hasta la cima. Luego, junto al Cristo negro que en una gruta preside el Montejurra y celebrada la misa os dirigísteis a los miles de carlinos: ‘La Monarquía -afirmásteis- sólo nos interesa como solución a los problemas de España’.

Pasado algún tiempo, Franco os autorizó a residir en España y recorrísteis todos los rincones de esta piel de toro, tan diversa, pero tan leal. Vinísteis a Ourense y os recibió la Corporación Municipal con su alcalde al frente, David Ferrer Garrido, que os dijo: ‘Muy buen Señor, sois, cuando tenéis tan buenos vasallos’. Visitásteis el Seminario Mayor y el Menor a los sones de la Marcha Real que el rector del primero, don Miguel Araújo, había dado orden de que se interpretara a vuestra entrada en la capilla. Y después, camino de Compostela, estuvísteis en Oseira.

Os propusísteis ‘limpiar’ al Carlismo de los aditamentos integristas que manejaban nuestro centenario partido. Franco os expulsó, junto al ‘viejo rey’ don Javier y toda la familia real carlina el 12 de diciembre de 1968, pues vuestra presencia en España no encajaba con los planes del general de Ferrol, que tenía puestos los ojos en don Juan Carlos, como así hizo.

Nos reuníamos en Francia -Bayona, Arbone, San Juan de Luz, Biarritz…- para actualizar, en asambleas democráticas, los viejos principios de Dios, Patria, Fueros y Rey, por Libertad, socialismo, autogestión y federalismo, volviendo a las raíces del Carlismo, puestas al día del mundo que nos tocaba vivir.

Regresásteis, llegada la democracia, y no se nos dejó participar al Partido Carlista en las primeras elecciones democráticas, por instrucciones de las altas instancias del Estado. Luego, en las segundas, no sacamos ningún diputado.

Antes, también, los carlistas gallegos nos habíamos reunido en Portugal -Viana do Castelo, Vidago-, siempre desde la clandestinidad. En el Montejurra de 1976 los fascistas españoles, argentinos, franceses e italianos, con el beneplácito del Gobierno, nos atacaron con armas de guerra, asesinando a dos de nuestros compañeros: Aniano y Ricardo, y algunos, como quien esto firma y su hijo mayor (q.e.g.e.) fuimos a parar con nuestros huesos a un calabozo inmundo, luego de torturarnos moral y físicamente. Y los asesinos, protegidos por las llamadas Fuerzas del Orden, camparon por sus respetos y huyeron de España.

Ahora en el Partido Carlista, que tiene representación en ayuntamientos de Navarra, siguieron y siguen siendo testimonio de nuestra existencia como el partido español más antiguo en Europa.

Señor, desde la lealtad que en mi juventud profesé a la Dinastía Carlista, quiero pedirle a Dios misericordioso, que os acoja en su seno. Y que mientras siga con vida, reconoceré en vuestro hijo mayor S.A.R. don Carlos Javier de Borbón. Y como afirma el viejo dicho: ‘Ha muerto el Rey. ¡Viva el Rey!

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