Palabras para Montejurra 2013

14 mayo, 2013 por Partido Carlista Sin comentarios »

Queridos amigos: Feliz Fiesta de Montejurra en Libertad-Socialismo-Federalismo/Confederación, Autogestión

Voy a hablar del Partido Carlista. De cómo somos y, por qué no, de lo que ofrecemos a nuestros compatriotas como opción política.

Los carlistas amamos la Libertad y las Libertades ya sean estas colectivas, de los Pueblos, como las individuales. Además, nuestra pedagogía es el diálogo permanente. Y nos encontramos con que se machacan las libertades y se asfixia el diálogo.

-El Partido Carlista no es un partido antisistema. O sea, que rechazamos la violencia como rechazamos el entramado del PP más PSOE, porque el entramado PP más PSOE es antisistema desde el momento en que socava las bases democráticas, engaña y roba. La crispación social se produce por la sensación de estafa, por la constatación de la estafa de los gobiernos del PP y PSOE. Los delitos socioeconómicos del PP y PSOE arman a los violentos, y esto que digo es grave pero espero que haga reflexionar a los votantes de esos partidos.

A la crisis se la gana también barriendo la corrupción y resistiendo a las presiones de los lobbies. Para la regeneración democrática, para las libertades, se necesita gente nueva, gente brava, gente sin sobres. Nosotros nos tenemos por buena gente pero no hemos caido del cielo. Aunque tengamos un código de conducta exigente, nosotros también podemos corrompernos. Por eso, no estamos aquí para hacer moralina ni demagogia ni para poner la mano en el fuego por nadie. Nuestro mensaje, nuestro programa electoral y nuestro compromiso es:

el Partido Carlista ofrece y ofrecerá mecanismos sencillos y ágiles, fórmulas, webs, iniciativas populares, libros blancos, datos abiertos, transparencia en las cuentas, para que el Pueblo pueda gobernar más y mejor. En esto nuestro compromiso es objetivo y neto, sin moralinas y sin retórica.

Ni del PP, ni del PSOE, ni del PNV, ni de CiU, pueden venir la regeneración democrática o las libertades. Apostar por algún político de estas grandes organizaciones es un mal experimento. Y ya sabéis lo que se dice: los experimentos con gaseosa. Cuidado con los versos sueltos y con el juego de reparto de papeles en estas grandes organizaciones. Todos éstos ya han tenido demasiadas oportunidades y nosotros no tenemos la venda en los ojos.

Quién se decida por el Partido Carlista encontrará actuaciones sensatas. Queremos más sociedad civil y menos estatalismo. Pero sólo llegaremos a más sociedad civil asumiendo más responsabilidad de democracia directa y poniendo más soluciones de arbitraje, de negociación social, civil y mercantil.

-El Partido Carlista cree en las elecciones, en las iniciativas legislativas populares, en los referéndums. Creemos en la democracia de abajo arriba. Por eso denunciamos la injusticia de unas reglas del juego hechas por y para los poderosos, reglas complicadas, reglas blindadas. Queremos lo mejor de esta democracia corta y más, y estas reglas de juego no sirven.

Quién se decida por el Partido Carlista encontrará que la meta es cambiar lo que ya no sirve y lo que nos metieron de matute y nunca sirvió. Queremos más democracia, más libertad y más riqueza, y estaremos encantados de compartir esta lucha frente a los podertenientes y oligarcas con todas aquellas personas y organizaciones que también lo vean así.

-El Partido Carlista identifica problemas, demanda y propone cambios. Estamos por los cambios. Ya sea mediante reformas claras y contundentes, ya sea mediante un proceso constituyente, la constitución política de este país tiene que cambiar. (La regulación del sistema financiero, los impuestos, la reforma de la Educación, la Administración de Justicia, el plan estratégico de las infraestructuras de transportes, la política del agua, el plan estratégico de las energías, el proyecto de la Unión Europea…)

 Si lo sientes así, no puedes estar del lado del bipartidismo: ni con el PP, ni con el PSOE, ni con PNV ni con CiU.

Vamos a salir de esta crisis económica. Con esfuerzo, todos juntos, con otro gobierno y con otra política vamos a salir.

A estas alturas, ya sabes lo que te pido: participa, colabora, vota, afíliate, toma alguna responsabilidad en el Partido Carlista. Todos somos necesarios.

Alfonso Ruiz Cagigal

MONTEJURRA 2013: Se hace camino al andar

7 mayo, 2013 por Partido Carlista Sin comentarios »

SE HACE CAMINO AL ANDAR

 

Eguerdi on lagunok, buenos días, compañeros/as.

Habría tantas cosas negativas que remarcar en un acto político como éste, por parte de un Partido político como el nuestro, el Partido Carlista de las Españas… Y si siquiera sirviera de desahogo…; pero ni eso. Me voy a atrever a resumir esta situación descuadrada con una palabra, o dos: asco, náusea. Esa es la reacción que provocan las decisiones y explicaciones de este Gobierno del Partido Popular que padecemos, y que no nos merecemos.

Por la calle, al comentar las explicaciones que da este Gobierno de las decisiones que toma en la actual situación económica, se oye la expresión: “nos toman por tontos”. Pero los tontos son ellos, los que dicen semejantes estupideces. Viven en otra onda; en la onda del que tiene la vida resuelta y vive a costa del sudor del de enfrente

Pero en la vida social, un cierto sentido del ridículo es necesario. Entre ellos, en sus cócteles que digan las tonterías que quieran y que se rían sus gracias, si quieren; pero en público, al hacer uso de la tribuna de la que disponen, tienen que moderarse, porque la situación social no está para “echar cohetes”. Vivimos en un mundo de límites, y ellos también tienen que atenerse a esos límites; y si no los ven, tenemos que hacérselos ver.

La estupidez humana también tiene límites, a pesar de las dudas de Einstein (y de las mías).

No se puede decir “que se jodan”, hablando de quitar un subsidio a los parados.

No se puede decir que de las entradas de dinero, y de las libretas de los bancos, o de las Cajas, se ocupa el marido, o la esposa, y que en cuestión de coches no sabe distinguir entre un Ibiza y un Jaguar.

No se puede decir que el PP es un Partido que crea empleo, y que, es más, en el primer año de Gobierno crearían 3 millones de puestos de trabajo. Llevan año y medio en el Gobierno y lo que han creado ha sido millón y medio más de parados.

No se puede decir que la reforma laboral hecha por el PP frena en 400 diarios la destrucción de puestos de trabajo, cuando vemos que la cifra del paro no cesa de subir y ya hemos sobrepasado los 6 millones 200.000.

No se puede hablar de “movilidad exterior”, hablando de la emigración, porque sabemos que a lo que significa esa palabra se acerca más la definición surgida en el ambiente del movimiento “15-M” y “Democracia ya”: “toda carrera terminada en España tiene 3 salidas: por tierra, por mar, o por aire”.

No se puede decir que los votantes del PP sí pagan la hipoteca, y que los que no la pagan es porque son unos  vagos.

No se puede llamar nazis, ni terroristas, a los que participan en los llamados “escraches”, porque no hacen sino expresar su desesperación, y pedir ayuda, una salida a su terrible situación. Los escraches son el dedo que apunta a la Luna de los desahucios de la vivienda habitual, y  que son el problema real y verdadero, que niegan el derecho constitucional a un techo, a una vivienda digna, a la intimidad, que truncan proyectos de futuro, que siegan vidas humanas. Porque han hecho tan hondo el pozo, que hasta de día podemos ver las estrellas desde el fondo de ese pozo; nos están dejando a la intemperie.

Y conste que desde el Partido Carlista no priorizamos los escraches porque son ocasión para que se puedan infiltrar los indeseables.

No se pueden aplicar las mismas medidas educativas en una España con el 30% de abandono escolar que en otra España con el 12%,  porque en la más optimista de las hipótesis, se quedaría en el 21%, y todo lo que pase del 8%, es excesivo fracaso escolar.

No se puede decir que las parejas del mismo sexo no pueden disfrutar de los mismos derechos que las heterosexuales al no contribuir al futuro biológico y demográfico de la Humanidad. Si decir eso no es nazi, se le acerca mucho. Y no se puede fiar al paso del tiempo, como hacía Franco, la buena resolución de algo que, en principio, podemos considerar como positivo, en este maremagnum de negatividad: ETA ya no acosa, ya no extorsiona, ya n secuestra, ya no mata, y está dispuesta a entregar las armas y disolverse. Me gustaría añadir, con algún fundamento, claro, que también está dispuesta a pedir perdón y a ofrecer algún tipo de reparación. Porque es mentira, una más, que el tiempo lo arregle todo. El tiempo es un elemento más de los varios que son necesarios para que la herida sane, cicatrice, y quede una marca más o menos visible. No podemos renunciar al común, a lo que compartimos las personas; no podemos renunciar a pensar, al don de la palabra. Es preferible que hablemos las personas, aunque nos parezca que hablamos lenguajes distintos, que no nos vamos a entender, y que vamos a necesitar intermediarios, o intérpretes, a dejar un resquicio por el que se pongan a hablar su lenguaje de odio y de muerte, los puños, las porras, las pelotas de goma maciza, las pistolas, las bombas.

No se puede decir que la muerte de una persona es un accidente, porque es una tragedia; causada por un accidente, tal vez, pero aún así, el daño causado hay que repararlo. La actuación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado también ha de sujetarse a unos límites.

No se puede decir que porque hace 5 años, un alicatador, “metiendo más horas que el perro de Imenasa”, ganase al mes 5.000 €, haya que ver como algo normal que ella los recibiese por dos  medias  horas de sesiones consecutivas de un cuarto de hora cada una; ni que ella entiende que hoy puede llamar la atención ese hecho, si es que el alicatador está en paro…, que ella es muy capaz de comprender…y tal y tal.

No se pueden decir esas estupideces en público; no se  puede.                                                                                                                                                                                                                                                         Los ciudadanos nos merecemos un respeto, algo básico en la convivencia social.

Pero, ¿qué podemos esperar de un conjunto de incapaces?, pues un Gobierno incapaz. Y no lo digo por faltar, o por decir algo llamativo, sino porque no han conseguido el objetivo que se propusieron de reducir el déficit público, el leit-motiv de su actuación de Gobierno, a pesar de que la “troika”se lo relajó en 2 puntos del Producto Interior Bruto, ni a pesar de los alocados recortes en el común, en lo que podemos considerar como bienes comunales reales: recortes en Sanidad que es la que nos permite disfrutar de la vida cada día, con los que tenemos cerca; recortes en Educación que es la que nos posibilita una igualdad de oportunidades para desarrollarnos en la vida; recortes en Cultura, que es la vida en disfrute, la vida disfrutada.

Y por eso tiene que presentar la dimisión este Gobierno incapaz del PP y convocar elecciones generales, o un referéndum confirmatorio, o reprobatorio.

Y es que no son demócratas. Han accedido al Gobierno en unas circunstancias concretas, mediante engaños, a través de la propaganda de unos poderosos Medios de Comunicación, y de una Ley electoral sesgada, injusta. Imponen recortes y sacrificios a los ciudadanos normales, los que no tenemos medios de fortuna y tenemos que ganarnos el pan de cada día con el sudor de nuestra frente, mientras ellos se siguen enriqueciendo; y además lo justifican diciendo que todos haríamos lo mismo, puestos en la ocasión y teniendo oportunidad de hacerlo, ya que, quién más quién menos, todos estamos dispuestos a no pagar el IVA, a detraer impuestos… Y así generalizando su tendencia a la corrupción hacen leyes y reglamentos en su propio beneficio particular, familiar, o de grupo social (como ejemplo, el clan Rajoy-Gallardón en lo que se refiere a los asuntos de Notarías, Registros de la propiedad, y acceso a la Justicia). Afirmaciones de ese tipo sólo indican, con certeza, que el que las hace ya está dentro de la dinámica “corruptor-corrupto”.

Por otro lado, tanto en la calle como en la prensa, se puede ver el estupor de la gente ante tanto caso de corrupción entre los políticos, sobre todo del entorno del PP, porque aquí, a diferencia de lo que pasa en otros países de nuestro entorno europeo, no suelen dimitir, ni devolver lo ilícitamente adquirido, ni van a la cárcel…, con lo cual también la Justicia, los jueces, quedan en entredicho.

Nadie da lo que no tiene. Franco no era demócrata y no se podía esperar que de su mano llegase la Democracia a las Españas, a través de la persona que nos impuso en la Jefatura del Estado para sucederle a él. Así, todos asistimos al triste espectáculo que nos ofrece la familia que ha formado en torno suyo: el marido de caza en Botsuana, la mujer de pesca en Londres, el yerno pillando lo que puede por aquí y por allí, en compañía de la segunda de las hijas, la hija mayor divorciada, y el que llaman heredero se deja bendecir su matrimonio con una divorciada, por alguien que amenaza con la excomunión a los divorciados, y que no contento con esa contradicción está dispuesto a bautizar a todo vástago que surja en tan extraña familia. ¡Triste espectáculo el que nos ofrece la familia que nos legó el Dictador Franco!.                                                                                                                                                                                                            La corrupción mancha todo lo que toca.

Y mientras tanto, el, en teoría, director de esta orquesta del Gobierno del Estado, nos pide paciencia mientras él está ensimismado esperando a ver qué pide por esa “boquita de piñón” su niña bonita, presentada 4 años después de su anuncio. ¡En mala hora!. Es alemana, y se llama Angela, y Rajoy está dispuesto a todo, y más, por ella; al parecer le gusta mucho el papel de colores y unas cosas redondas metálicas; se pasa el día jugando con ellas, en compañía de unos connacionales suyos, sin percatarse del peligro de incendio que están generando al no dejar jugar a los demás en las mismas condiciones.

Por eso es necesario que la Etica sea la guía en la acción política, en las decisiones que se toman, en las explicaciones que se dan, y es lo que tienen que percibir en nuestro comportamiento público los que no son Carlistas.                                                                                            La “piedra de toque” de una postura democrática es el comportamiento ético.                                                                                                        Etica sin caer en el moralismo. El político no tiene por qué ser la mejor persona del país, como no tiene por qué ser el más inteligente, o el que más sabe de todo, pero sí tiene que estar por encima del nivel medio exigido en la vida social; tiene que ser honrado, y parecerlo, en los signos externos de su conducta.

Un político no puede “irse de rositas”, ni sentirse con las espaldas seguras de que los hechos escandalosos, porque no superan el nivel ético medio, (y por eso mismo son ilícitos), han sido hechos legalmente, porque antes se habían fabricado unas leyes o normas que les permitían hacer esos hechos.                                                                                                                                                                                                                  No se puede absolutizar la Ley, ni la norma, ya que la Ley, para ser tal, tiene que ser justa, tiene que ir dirigida al Bien Común de la mayoría, tiene que dar las mismas oportunidades a todos, y no sólo a unos pocos “elegidos”.

Los Carlistas, en política, no absolutizamos nada, ni siquiera el Partido, y nuestro guía es el ser humano, el respeto básico a su dignidad intrínseca, que se traduce en un comportamiento público bajo el norte de la Etica; andando así es como vamos haciendo camino.

Por todo esto sigue siendo necesario tener presente lo que dijo el Rey Carlos VII: “si el País es pobre, vivan pobremente el Rey y sus Ministros”.

¡Animo y adelante, compañeras/os..

¡VIVA EL PARTIDO CARLISTA!  

Montejurra, 5 de mayo de 2013

Montejurra´13: rueda de prensa

2 mayo, 2013 por Partido Carlista Sin comentarios »

 

 

 

 

Sr Director:

 

En la rueda de prensa que el Partido Carlista ha ofrecido esta mañana a los Medios de Comunicación, ante la cita anual de la fiesta del Montejurra 2013 el próximo Domingo 5 de mayo ha dado a conocer los actos que se van a llevar a cabo con ese motivo, invitando a todos/as,  carlistas, simpatizantes y amigos, así como a todo aquel que se sienta desengañado por el bipartidismo dominante, y por los otros Partidos que no ofrecen soluciones tal vez porque son parte del problema.

Al mismo tiempo denunciamos el acto vandálico que recientemente ha sufrido la 1ª estación del vía crucis cuya estela, dedicada a Don Javier deBorbón-Parma ha desaparecido, siendo vistas unas 12 personas, mayores de edad, dejando incluso una tarjeta de visita y pintadas tipo “Arriba España”, con las flechas.

En el acto político central hablaremos sobre la situación política navarra, estatal e internacional, a la 1 del mediodía.

Os agradeceríamos dieseis difusión a estos actos en vuestro Medio de Comunicación.

Saludos. 

5 de mayo: Montejurra´13. Programa

27 abril, 2013 por Partido Carlista Sin comentarios »

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El FEDERAL Nº 45

9 abril, 2013 por Partido Carlista Sin comentarios »

El valor de la Etica

13 marzo, 2013 por Partido Carlista Sin comentarios »

 

Sin ética no hay democracia

por guillermo múgica – Domingo, 10 de Marzo de 2013

Hace aproximadamente un mes, concretamente el 13 de febrero, en un editorial a propósito de la admisión a trámite en el Congreso de una Iniciativa Legislativa Popular en pro de la paralización de los desahucios y la promoción del alquiler social, este periódico concluía con la siguiente afirmación: “Es una exigencia ética mínima para la regeneración democrática”. Bien mirada, esta afirmación va mucho más allá del simple reconocimiento de la conexión indispensable entre ética y política. Establece la necesidad de unos mínimos éticos para que podamos hablar en verdad de democracia. Dicho de otro modo, la ética es reconocida como elemento sustantivo de una configuración democrática.

El punto es tan de raíz y de tan largo alcance que vale la pena fundamentarlo siquiera someramente. Traigo a colación para ello a quien, en forma clara y sencilla -y no por ello menos rigurosa- ya lo hizo hace tiempo. Me refiero a la reconocida catedrática Adela Cortina. Ella distinguía en la democracia dos dimensiones o vertientes inseparables. Y afirmaba en consecuencia que la democracia es, simultáneamente, “técnica” y “valor”. Lo primero, por lo que tiene de procedimental, normativo, institucional, formal. Lo segundo, por la inspiración y los contenidos éticos que la impregnan y sostienen: como el valor y la dignidad de la persona, fin y no medio; los derechos humanos fundamentales, cuya raíz moral reconocía explícitamente el constitucionalista Peces Barba; la búsqueda del bien común y la imprescindible renuncia creativa; etcétera. Si reconocemos, pues, en la democracia lo técnico y lo ético, el debilitamiento o la desaparición de cualquiera de ambas vertientes harán que la democracia se desvirtúe, se prostituya o desaparezca.

Antes de seguir adelante, me gustaría hacer dos precisiones que considero relevantes. Ambas se refieren a la ética como vertiente de la democracia. La primera, más conocida, tiene que ver con Max Weber. Es obvio que, con él, estoy apelando a una ética política, una ética de la práctica, una ética cuya guía no reside meramente en la “convicción”, sino en la “responsabilidad”; esto es, que no se ciñe simplemente a valores y fines abstractos y absolutos, sino que toma en consideración, muy especialmente, la realidad, las consecuencias de la acción, los medios a emplear. La segunda precisión la tomo del experto en ética y filosofía política Enrique Dussel. Evocando la distinción que suele ser bastante habitual entre ética y moral, y a la que los entendidos suelen dar muy diversas interpretaciones, Dussel llama moral al sistema valorativo y normativo “establecido”; denomina en cambio ética al sistema valorativo y normativo “por establecer”. Me apunto a esta posición, porque introduce en el aspecto más formal e institucional de la democracia un impulso permanente de utopía, que la empuja a una renovación constante, a una crítica y superación de lo ya dado.

Todo lo anterior viene a cuento de la escandalosa ausencia de ética política en gran parte de nuestros gobernantes. Y no estoy pensando ante todo en los graves problemas de corrupción. Tengo presentes principalmente las políticas económicas y sociales que se vienen implementando como respuesta a la crisis que padecemos. Que la salud de los bancos esté por encima de la de las personas, que la vida del pueblo valga menos que la satisfacción de la deuda, que el dinero venga a ser el valor supremo que determine la política, que muchos derechos básicos se conviertan en pura retórica vacía…, todo esto y muchas otras cosas no solo evidencian un gran vacío ético, sino una progresiva desaparición de la democracia. Puede que permanezca la técnica. Pero ella, desprovista del valor, nada tendrá ya que ver con la democracia. Y considero que éste es uno de nuestros problemas: no estamos tan solo ante un grave déficit moral, sino ante una apremiante urgencia de la democracia misma. Es sintomático que quienes apuestan por políticas que cercenan o niegan derechos básicos, sigan proclamando a menudo sin pudor ni rubor: “Nosotros, los demócratas…”.

Ahora no se trata de pasar facturas ni de cobrar viejas cuentas. Pero hay que tener memoria y recordar cómo, aun dentro de la autodenominada izquierda, que siempre presumió de una más alta sensibilidad ética, se tildó a menudo con displicencia de moralismos a los intentos de vincular ética y política. Y tampoco conviene olvidar cómo con frecuencia se practicó y se impuso un pragmatismo chato, no solo por carecer de horizontes sino, ante todo, de genuinos valores humanos y sociales. Nos hallamos ante la oportunidad histórica de iniciar un camino nuevo.

No estamos tan solo ante un grave déficit moral, sino ante una apremiante urgencia de la democracia misma

 

Día Internacional de la Mujer

8 marzo, 2013 por Partido Carlista Sin comentarios »

 

por Francisco José Alonso Rodríguez * Presidente Nacional Liga Española Pro Derechos Humanos - 

Desde la Liga Española Pro Derechos Humanos exhortamos a todas las mujeres, amas de casa, trabajadoras, profesionales, campesinas, obreras, estudiantes, indígenas, afro descendientes, solteras y casadas, a conmemorar el histórico día de la mujer. Hoy hacemos un llamamiento activo a vincularse a todas las organizaciones de mujeres, para unir esfuerzos y hacer más efectivas las diversas formas de lucha pacífica para obtener mediante la participación activa, la derrota definitiva de las políticas excluyentes y discriminatorias de los diferentes sistemas políticos que, en la mayoría de las ocasiones, imponen patrones culturales en donde el ser mujer en un mundo patriarcal, continúa siendo un gran obstáculo para el desarrollo personal y profesional.

Sin embargo, frente a estas dificultades, se reconoce una oportunidad que motiva a la unión de género y que fortalece a aquellas organizaciones de mujeres constituidas actualmente, para que se pueda contar efectivamente con una igualdad de derechos para las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad. Para eso, debemos unificar esfuerzos año tras año, al conmemorar el Día Internacional de la Mujer, con el objeto de organizar actos de diversa índole, colmados de homenajes hacia el rol que desempeñan todas las mujeres en la sociedad, recordando sobre todo, aquellas promesas incumplidas del pasado, que tienden a morir en el olvido, en donde predominan sistemas de injusticia desigualdad e inseguridad. A lo largo de los siglos las mujeres han luchado intensamente, desde diferentes sectores, por la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo.

El Día Internacional de la Mujer es recordar esa lucha tantas veces ignorada. Al rendir un homenaje a la mujer este 8 de Marzo de 2013, resulta fundamental recordar el motivo de esta celebración, puesto que, si bien el origen de esta fecha es la lucha de las mujeres por reivindicar sus derechos fundamentales, es necesario generar un cambio cultural en la sociedad. Hechos históricos demuestran el proceso de lucha incansable por parte de las mujeres en el mundo por la reivindicación de sus derechos.

En 1908 cuando más de 40,000 costureras industriales se declararon en huelga, por la demanda de mejoras salariales, reducción de la jornada laboral, abolición del trabajo infantil y derecho a sindicalizarse, los dueños de la fábrica Cotton Textiles Factory en la ciudad de Nueva York, encerraron a sus empleadas para que no se unieran a la huelga, y se desató un incendio que provocó la muerte de 129 obreras.

En 1909 Nueva York fue de nuevo testigo de la protesta de 15,000 mujeres trabajadoras, bajo el lema Pan y Rosas en el que el “Pan” simboliza la seguridad económica y las “Rosas” la calidad de vida. Posteriormente, las mujeres extendieron sus protestas hacia el derecho al voto y hacía el fin de la esclavitud infantil. El Día Internacional de la Mujer fue propuesto en 1910 por la Alemana Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección, durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca, destacando el carácter proletario y popular de esta celebración.

En 1975 las Naciones Unidas establecieron El 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer. Este día supone reconocer y valorar el decidido aporte de todas las mujeres del mundo a la construcción de la sociedad. Es valorar su inmensa ternura, creatividad, capacidad de trabajo, inteligencia y contribución al logro de las grandes transformaciones sociales de la historia de la humanidad. Las sociedades de hoy no podrían subsistir sin sus significativos aportes técnicos, científicos, de desarrollo económico. y de fortalecimiento a la economía.

¿ Crisis ?, ¿ qué crisis ?

19 febrero, 2013 por Partido Carlista Sin comentarios »

Crisis y democracia

por jesús gonzález pazos, Miembro de Mugarik Gabe – Lunes, 18 de Febrero de 2013 -

                                                         Desde la cooperación y solidaridad internacional decimos que: sin duda alguna, la actual y ya larga situación de crisis que vivimos ha puesto de manifiesto el carácter de profundo conflicto social y político, que sobrepasa lo meramente económico. Así, sus primeros compases pusieron ya de manifiesto el carácter estructural y global de la misma y permitieron una clara identificación de sus causas y de sus culpables. Estos últimos personificados en los famosos mercados que no son sino los poderes económicos y financieros, en su mayoría, los consejos de administración de las grandes empresas. Estas constataciones llevaron a la clase política tradicional, allá por el año 2010, a realizar tímidos llamamientos para la refundación del capitalismo, a la imposición nuevamente de mayores controles sobre esos poderes financieros, o a la desaparición de los paraísos fiscales. Sin embargo, rápidamente estos maniobraron para controlar la situación. Esos poderes económicos y financieros han desplegado a partir de ese entonces todo un amplio abanico de recursos y medios para aprovechar el momento de crisis, profundizar la misma y convertir esta en una oportunidad para implantar, por fin, el neoliberalismo en sus versiones más ortodoxas: el dominio absoluto de los mercados y la obtención del máximo de beneficio pese a quien pese.

Este nuevo momento se caracteriza, entre otras, por una pérdida absoluta del débil papel que la clase política tradicional pretendió jugar en la situación de crisis y antes de esta. A partir de entonces, el control de los poderes económicos y financieros tratará de ser absoluto. Y su intencionalidad, como decimos, pasará por aprovechar la situación, no ya para la reconducción o refundación del capitalismo, sino para llevar a este a una nueva fase de implantación de la más absoluta ortodoxia neoliberal y la desaparición de la llamada cara amable del capitalismo que en Europa supuso el estado del bienestar.

La triple receta del ajuste estructural pretende despidos masivos, recortes de derechos laborales y sociales y privatizaciones de los últimos espacios públicos bajo control del Estado. Lo que se traduce en allanar los últimos obstáculos que ese famoso Estado del bienestar mantenía para el capital neoliberal, imposibilitando la obtención del máximo de beneficios en esas áreas hasta ahora en cierta veda para los mercados. Así, espacios públicos como la sanidad, la educación y sectores sociales o estratégicos, todos ellos hasta ahora, y en mayor o menor medida, en manos del Estado, inician el proceso hacia su privatización. Primero se eliminará masa laboral para dejar esos sectores en mejores condiciones de explotación y suprimir costes futuros; en paralelo, y tanto en esos sectores productivos como en el resto, se extienden los recortes de derechos laborales, sociales y políticos, para inducir a la población a no protestar. Dejarla noqueada y sin capacidad de respuesta y reacción ante la situación es una estrategia fundamental para conseguir los objetivos fijados. Así, la privatización será poco contestada, y para cuando realmente percibamos sus efectos, esta estará totalmente extendida e implantada.

La privatización será poco contestada, y cuando percibamos sus efectos, estará totalmente implantada

Pero todo este proceso ha permitido también un análisis más profundo del sistema político y la ruptura del estereotipo de la democracia representativa, implantada en las últimas décadas, como el sistema político supremo. De hecho, es esa clase política, la cual hace el papel de administrador obediente de las medidas anteriormente señaladas, quien todavía conserva también la función de tratar de mantener el engaño. Se pretende que la democracia representativa sea el sistema insustituible; todo lo demás será fundamentalista o populista; en cualquier caso, siempre inviable y no conveniente.

Pero nos ocultan que es precisamente esa democracia representativa el elemento del cual se sirven los poderes hoy dominantes para implantar su sistema de neoliberalismo ortodoxo y totalmente antidemocrático. Intenta ser su cara amable y legitimadora, pero no lo consigue ya y han convertido lo que llamamos democracia en una muletilla para ocultar permanentemente nuevos modelos de dominación y explotación.

Todo esto lo practicaron desde hace ya varias décadas en diferentes procesos en América Latina, como la Argentina de Menem, la Venezuela del bipartidismo social y cristianodemócrata o la Bolivia de Sánchez de Lozada, donde tras aparentes regímenes democráticos, se instauraron los más duros procesos de ajuste estructural y privatizaciones, hoy en gran medida en proceso de reversión. En este sentido, Naomi Klein, en su libro sobre La doctrina del shock, señala que “Bolivia proporcionó un modelo para una nueva clase más digerible de autoritarismo: un golpe de estado civil llevado adelante, no por soldados de uniforme militar, sino por políticos y economistas trajeados y parapetados tras el escudo oficial de un régimen democrático”. Procesos parecidos, con estrategias y objetivos análogos, se dieron en la Rusia democrática de Boris Yeltsin, o antes en Polonia bajo gobierno de Lech Walesa, así como en un largo etcétera de países. Se implantaron, principalmente a partir de la década de 1980, las medidas más duras de ajustes, privatizaciones, recortes y desmantelamiento de los estados, medidas decididas en estructuras de poder económico como el FMI y el BM, y refrendadas a puerta cerrada en los salones de los palacios de gobierno por la clase política cómplice a esos dictados. Podemos pensar que esto es propio de regímenes tercermundistas, de hace varias décadas, y olvidarnos, o establecer los análisis necesarios y ver los paralelismos que se dan con el momento que hoy vivimos.

Hoy en día corresponde el turno a la llamada Europa del bienestar y la inicial crisis de 2008, provocada principalmente por las burbujas inmobiliarias y las famosas hipotecas subprime, se ha convertido en una profunda recesión y depresión económica, política y social que abre el camino a esas mismas medidas aplicadas en otros continentes desde hace dos décadas. Y ante todo esto, y al igual que en los procesos antes citados, la clase política tradicional no ha sido capaz de arbitrar (o no ha querido) medidas que realmente reviertan este proceso. Ello lleva a pensar que acatan, y comparten, el papel de administrador que les han otorgado los poderes económicos. Luego una pregunta importante, entre otras muchas y en lo que concierne a la democracia, es si el simple hecho de airear su nombre o de realizar elecciones justifica la existencia de un régimen democrático. La respuesta siempre ha sido negativa, pero se hace más evidente ahora, cuando asistimos al incumplimiento sistemático de los programas electorales, a la mentira continua a la población, al desvelamiento impúdico de la corrupción sistémica. Y en paralelo sentimos los recortes y eliminación de derechos laborales, sociales, civiles (Derechos Humanos todos ellos) y sus graves consecuencias. Vemos cómo se cambian constituciones de la noche a la mañana, para primar el pago de la deuda sobre las personas y sin consultar al pueblo, cuando siempre nos dijeron que eran casi intocables; o se gobierna por decreto los viernes ignorando a los parlamentos y el que nos contaron era elemento central del sistema: el debate democrático parlamentario; o se aumenta la represión ante las protestas por toda la estela de injusticias que esta antidemocrática situación genera y extiende cada día más en la población.

Pero frente a todo esto, es importante señalar que la lucha, una vez más, no es contra la democracia. Esta, con todas sus imperfecciones y camino por andar que les resta, no es propiedad de las élites políticas ni económicas, aunque quieran adueñarse de ella. Al contrario, históricamente, han sido los movimientos populares los que han conseguido los grandes avances en el sentido de profundización de la democracia a través de la consecución y ampliación de derechos de toda índole y su extensión a cada vez más sectores sociales tradicionalmente relegados según las épocas (movimiento obrero, mujeres…). Por ello, la lucha ahora es contra el vaciamiento de la democracia que pretenden llevar a cabo esas élites políticas y económicas, los llamados mercados, los consejos de administración de la banca, aseguradoras y un largo abanico de grandes transnacionales que pretenden dominar el panorama no solo económico sino también político. Por lo tanto, es clave reivindicar y profundizar en la propia democracia para hacer de esta un sistema verdaderamente participativo, en manos realmente del demos y no de los poderes que hoy la usan, manipulan y prostituyen hasta su casi negación. Afortunadamente, las protestas y las respuestas ante la crisis y sus culpables ya están originando el fortalecimiento de redes y movimientos

Lo que hay que hacer

8 febrero, 2013 por Partido Carlista Sin comentarios »

 

Ante el muro de 2013

por gabriel mª otalora – Lunes, 7 de Enero de 2013

TODOS coinciden que 2013 va a ser un año complicado y difícil. Incluso lo dice Rajoy, que hasta hace nada mantenía una actitud optimista sobre el final de la crisis. Con este panorama, vamos a insistir en ella, denunciando y sensibilizando para que no nos devore como a los hijos de Saturno, que fue capaz de pactar con su hermano Titán reinar a costa de jamarse a sus propios hijos.

Las causas que originaron la crisis actual nacen de dos despropósitos: la codicia que estimuló una concentración de las rentas creando un enorme problema de demanda de bienes y servicios. Y la especulación financiera, que incrementó los beneficios de unos pocos a costa de casi todos. Para colmo, las políticas de austeridad tienen como objetivo beneficiar, de nuevo, a los intereses del capital financiero al pretender la privatización de los servicios públicos a costa de la protección social de gran parte de la población, sobre todo, los más débiles. Y es que la enorme cantidad de dinero que se está utilizando por parte de la banca en prácticas especulativas tiene elevados riesgos. De ahí que lo que desea es buscar nuevas áreas de inversión como la sanidad, la educación y las pensiones públicas. Y mediante los recortes, se empobrecen dichos servicios para estimular su privatización a costa del Estado del bienestar. En este sentido, es muy de agradecer que el lehendakari Urkullu haya establecido, desde el principio, líneas rojas sobre recortes en lo tocante a derechos sociales (sanidad, etcétera).

Por otra parte, las medidas que se están tomando en la Unión Europea para racionalizar el sistema financiero no están teniendo resultados. Los datos oficiales apuntan a que la economía española descenderá un 1,5% del PIB, la alemana lo hará en un 0,9% y la UE entrará en recesión, con un decrecimiento del 0,4% de su PIB. Todo a pesar de las enormes cantidades inyectadas de dinero público y del énfasis del Banco Central Europeo y de la Comisión Europea en continuar las políticas de austeridad y de disciplina fiscal para reducir el déficit público de los Estados. En realidad, tales políticas de austeridad han sido las responsables de que aumente el paro y la recesión, al beneficiar solo a las rentas de capital. La pobreza, en fin, está alcanzando dimensiones desconocidas en el Primer Mundo.

Adam Smith (siglo XVIII) sigue siendo hoy un referente de culto, aunque adoctrinaba que la moral es un subproducto de la vida social y el dinero es la clave de la vida moral, al que había que sacarle el máximo beneficio haciendo de la codicia algo bueno. Es el extremo insolidario del liberalismo más materialista. En la otra punta, ya sabemos cómo acabó la aventura comunista. Ninguno de los dos modelos son la solución, sino parte del problema.

¿Qué hacer? Los expertos en ciencia económica honestos coinciden en que tal concentración de las rentas en tan pocas manos impide la resolución de la crisis. Porque dinero hay, y mucho. Leo que, solo en EEUU, el dinero acumulado por la élite económica durante estos años de crisis es de dos trillones (americanos) de dólares, mucho más en rentas de capital que de trabajo. No podemos aceptar ya un sistema en el que todo es dinero y cosifica hasta las personas en nombre de los más bellos ideales codiciando, de paso, todos los bienes ajenos posibles. Es decir, una deshumanización en toda regla de la que no sale nada bueno, como ya vemos.

En lugar de desmantelar el Estado del bienestar, hay que poner freno al materialismo actual, que además lamina los Derechos Humanos con el horizonte puesto en India, China y otros países en los que se vive para trabajar, ante la complacencia de gentes cada vez más cercanas. Lo que impide la política redistributiva, además de la codicia, es que generaría crecimiento económico, que provoca inflación. Y el enemigo número uno de la banca es siempre la inflación, la depreciación del dinero. Y el que más tiene, más pierde, es decir, el capital financiero. Pero aunque le duela a la banca y cruja el sistema de finanzas, tendrá que adecuarse a los límites del bien común hasta acabar con el dominio cuasi dictatorial que ejercen las élites financieras.

No es de recibo comenzar 2013 aceptando mansamente que Adam Smith estaría a gusto viendo cómo triunfa su modelo ético de una “mera convención social”. Resulta, pues, imprescindible que la Europa que manda se implique en liderar la renovación pendiente para que el chantaje de la prima de riesgo y los recortes sociales no sean las únicas monsergas que escuchemos. Existen otros mensajes imprescindibles que hay que trabajar a nivel individual y colectivo para neutralizar nuestra decadencia:1. Hay que superar el individualismo autosuficiente que nos anula. La verdad se busca en comunidad, decía Platón. El ser humano es un sujeto social interdependiente que mejora mucho cuando teje interrelaciones solidarias. Solo desde este enfoque, conceptos como libertad y justicia distributiva pueden conformar una democracia humanizada de conductas más solidarias2. Hemos de recuperar los límites. Es perverso afirmar que los límites suponen, por sí mismos, una falta de libertad, tal y como se vive desde lo posmoderno. La libertad no es tal sin la responsabilidad. Desde aquí deben entenderse los límites morales y legales (no matarás, prohibido circular de noche sin luces, etcétera) como beneficiosos, aunque no siempre coincida lo bueno con lo apetecible. No queremos saber nada de límites éticos en nuestro despilfarro sabiendo, porque lo sabemos, que esta transgresión insolidaria es insostenible. 3. Es preciso abandonar la concepción mecanicista de la naturaleza. Bajo la bandera del mito del progreso que paradójicamente nos aleja de un futuro mejor, estamos empeñados en domeñar a las fuerzas naturales con un criterio depredador, obviando que los humanos somos parte de la naturaleza que estamos destruyendo. La transgresión de sus leyes y su destrucción acarrea la nuestra. No existe justificación para la economía del desarrollo como fin en sí misma. 4. Necesitamos despertar la espiritualidad dormida por lo que supone de característica específica y transformadora del animal humano. La ciencia tecnológica no tiene acceso a toda la realidad, porque sus herramientas no sirven para aprehender ni valorar realidades tan evidentes y necesarias como la esperanza, el valor de la gratuidad, la fidelidad, el amor, la compasión o la solidaridad, que no son cuantificables científicamente. Las ciencias empíricas no pueden resolver ni sondear en el misterio de la felicidad y el sufrimiento; no es su papel. Ni las cosas más importantes de la vida se pueden comprar con dinero.5. Por último, tenemos que aunar sinergias entre los distintos tipos de conocimiento: el conocimiento filosófico fundado en el razonamiento, el conocimiento científico basado en la experimentación, y el conocimiento arraigado en la fe del amor. Un triángulo equilátero interdependiente que forma un todo complementario. Es la base universal de la verdadera educación del compartir frente a las desigualdades tan injustas que hemos creado.

Al final, las empresas que incorporan I+D+i, poco lograrán si trabajan al margen de la ética solidaria. Que recuerden la máxima de Hugh Downs: “Afirmar que mi destino no está ligado al tuyo es como decir: tu lado del bote se está hundiendo”.

¿Despertaremos?

11 enero, 2013 por Partido Carlista 4 comentarios »

 

por Javier Echeverría Zabalza * Miembro de Attac Navarra-Nafarroa – Jueves, 3 de Enero de 2013

Hace ya un tiempo que a uno le cuesta entender lo que está pasando. O sí entiende, pero como borroso, como si se tuviera una pesadilla. Y por lo que veo, a bastante gente le pasa lo mismo. Nos han recortado derechos económicos, sociales y políticos básicos, entre ellos el trabajo, los salarios, los distintos servicios sociales, la vivienda, las pensiones… Y lo siguen haciendo cada vez más. Dicen que hay que reducir el déficit y pagar una deuda pública que no hemos creado y que crece a pasos agigantados a medida que se socializa la deuda privada.

Pero sabemos que déficit y deuda son sólo pretextos para recortar esos derechos, porque hay otras políticas favorables a las personas que se podrían y deberían hacer en lugar de estos recortes. Si repasamos el rosario de privatizaciones, vemos que importantísimos sectores que antes eran públicos, como la energía, el transporte, la sanidad, la educación, los servicios sociales, las comunicaciones…-ni cito la banca-, han pasado, están pasando o van a pasar en un futuro próximo a manos privadas total o parcialmente.

Y está bien claro que no es cierto lo que nos dicen de que lo privado tiene una eficiencia superior a lo público; ni siquiera económica. Lo que vemos es que se permiten oligopolios en el sector energético que pactan precios mucho más caros que lo que deberían ser, que lo que les importa a las empresas de otros sectores son sus beneficios y no nuestra salud, educación, cuidados…, que nos manipulan mucho más descaradamente que antes en la mayoría de medios de comunicación…

Y algo que indigna de forma especial es que la poca democracia que teníamos cada vez se achica más, que cada vez se reprime más, que cada vez se miente más descaradamente desde el poder, que se nos trata como a niños. Nos dicen que en la Constitución han puesto, de un día para otro, que el déficit y la deuda están por encima de todos los derechos que se recogen en ella; ¡por orden de la Troika! Y nos imponen que hay que pagar por ponerse enfermo, que sólo los ricos tendrán posibilidad de acudir a la justicia para defenderse, que los pobres que quieran estudios universitarios se tendrán que endeudar sin saber cuándo podrán pagar esa deuda… Lo único que parece importarles son nuestros votos. Y sólo cito unas cuantas cosas. Hay o va a haber muchas más. Están haciendo una auténtica revolución a favor de los bancos  grandes empresas, y los dos partidos gobernantes se han puesto de su parte. Con diferencias en algunos aspectos sociales y derechos civiles, pero con muy pocas en lo económico. Ni en sueños uno podría creer que lo estamos permitiendo. No se puede entender que no veamos o no queramos ver lo que nos están haciendo. Por lo mucho que nos costó conquistar lo que nos quitan y por la horrible sociedad que vamos a dejar a las generaciones que nos siguen. Es cierto que hay mucha gente que se está movilizando contra los recortes y las privatizaciones. Incluso hemos hecho varias huelgas generales. Pero, a pesar de todo, es bien evidente que no es suficiente.

Incluso hay varias cosas que producen tristeza cuando se analiza algunas de estas movilizaciones. Aunque se trate de entenderlas. Sabemos que hay mucha gente que tiene miedo y desánimo, aunque creo que deberían hacer un esfuerzo por superarlos; nos estamos jugando el futuro, también el suyo y el de sus hijos. Sabemos que hay un sector de gente que todavía no somos lo suficientemente pobres. A estos, si su pasividad es egoísta y no pueden tener siquiera un poco de compasión y solidaridad –no va de limosnas- con la cada vez mayor cantidad de víctimas que están en una situación angustiosa, a esos, si se dan cuenta y no hacen nada, sólo cabe despreciar su actitud.

También sabemos que hay mucha gente que piensa que estamos en medio de una fuerte tormenta y que, después de los destrozos, pasará y volverá a salir el sol. A toda esta gente, que creo que es mucha, habría que decirles que despierten, que ningún derecho se ha recuperado sin tener que volver a conquistarlo de nuevo, que ninguna privatización ha revertido sin tener que provocar importantes cambios sociales, y que esta crisis no es una crisis más; como decía, se trata de toda una revolución regresiva que tiene como objetivo una sociedad nada deseable: ellos mismos dicen que su modelo es superar a China en lo peor. Y luego están los sindicatos, los partidos y otro tipo de organizaciones. Entiendo muchos de los argumentos de unos y otros acerca de lo malos que han sido los otros y las faenas tan grandes que nos han hecho. Tanto entiendo que hasta comparto algunos de esos argumentos. Pero aunque se comprenda sus críticas, no se entienden sus posicionamientos. No se entiende que andemos en juegos florales cuando nos están esquilmando todo. No se comprende que estén midiendo cómo sacar unos pocos votos más o cómo no perderlos cuando cada vez más gente está llegando a situaciones desesperadas.

No se puede entender que quienes debieran ser los primeros en ponerse al frente para defender la justicia social se escuden en justificaciones dudosas para no unir fuerzas contra los verdaderos enemigos. Que conste que no soy partidario de la unidad a cualquier precio. Ni de desenfocar la lucha por bajar el listón para conseguirla. Creo que es absolutamente necesario dotarnos de objetivos políticos claros que orienten la acción conjunta.

Pero estoy plenamente convencido de que hay un amplio sector social, incluyendo en él a sindicatos, partidos, organizaciones y movimientos sociales, así como muchas personas social y políticamente sensibles, que nos podríamos poner de acuerdo en un programa de mínimos suficientemente ambicioso como para crear ilusión y movilizar a la gente en la dirección adecuada. Necesitamos esa referencia –programa y unidad suficiente- para lograr una mayoría social capaz de ganar el trascendental reto que nos han planteado.

Y me gustaría hacer una consideración final. Aquí y en otros territorios del Estado tenemos una dificultad más para conseguir la unidad que necesitamos: la existencia de diferentes sensibilidades indentitarias. Pero nacionalistas y no nacionalistas de izquierdas deberíamos entender que tenemos un largo camino que recorrer juntos. El programa de mínimos que sugería debe tener tres ejes fundamentales: el social, el de profundización democrática y el ecológico. Y todas deberíamos entender que la solución a cualquier contencioso pasa por ellos. También la consecución del derecho a decidir la organización territorial, social, política y económica que queremos tener. Deberíamos esforzarnos un poco más por superar viejas heridas, sectarismos y rutinas, y centrarnos de una vez en lo que nos exige esta situación: luchar unidos por salir de ella con una sociedad más humana y democrática en lugar de con la sociedad autoritaria, antisocial y antiecológica que nos espera si lo permitimos. Quienes queremos conseguir la primera y evitar la segunda tenemos al menos la obligación de despertar de una vez e intentarlo.